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Huber Matos y la conciencia de la dignidad

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Por Ricardo Acostarana ()

La Habana.- Me costó mucho creer, mientras leía Cómo llegó la noche, en la integridad, la cabalidad y la dignidad de un hombre como Huber Matos. Hasta hoy me creía un hombre con plena conciencia de llevar hasta las últimas circunstancias mis ideas.

La culpa también es de Fidel Castro, pero la responsabilidad es toda mía. Y yo, al igual que muchos amigos, soy un sobreviviente de esta huelga de hambre que lleva décadas, aunque nada comparable con las cuatro o cinco (una duró 165 días) que Matos realizó en 20 años de prisión política para que le respetaran el hambre que da ser un hombre íntegro, cabal y digno.

Con él entendí el verdadero significado práctico de una huelga de hambre: «La huelga es el último recurso contra el abuso. La muerte del prisionero político como consecuencia de una huelga de hambre es un acto de rebeldía. Las tiranías temen a la rebeldía porque se contagia, y los tiranos necesitan el miedo para gobernar. Cuando alguien los enfrenta, aunque sea un preso, otros pueden imitarlo dentro o fuera de la prisión».

20 años preso

Su libro me ha destrozado, pero me achica el camino hacia el lado correcto de la historia por el que ando. Su libro me ha dado miedo, asco, odio, ira. Me hizo llorar. Exactamente todo lo contrario a lo que Huber nunca sintió ni por sus enemigos, ni por sus jueces, ni por Fidel, ni por Raúl, ni por los traidores, ni por los torturadores que jamás vieron sus actos como delitos contra la humanidad. Solo era parte de su trabajo —decían—, la causa de sus sueldos y la alegría de sus familiares por el deber cumplido en favor de la Revolución y Fidel.

Muchos cubanos hemos caminado o pasado el servicio militar obligatorio muy cerca de los sitios donde mantuvieron a Huber Matos preso durante 20 años, donde intentaron envenenarlo, donde lo molieron a palos una y otra vez, donde hizo sus huelgas, donde vio compañeros de causa ser asesinados o volverse locos, donde estuvo a punto de morir, donde fue llevado a simulacros de fusilamiento, donde durmió con todo tipo de alimañas y donde también llegó a conocer, interesarse y amar a las hormigas, las arañas y los guayabitos, donde también siempre se mantuvo firme en sus ideas ante alimañas y buitres vestidos de uniforme militar, el mismo que incluso llevé durante casi una década.

Huber Matos fue enterrado en Costa Rica. Antes de morir, pidió que sus restos fueran regresados a Cuba solo cuando fuera libre.

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