
EL HOSPITAL FAUSTINO PÉREZ: ENTRE TOMÓGRAFOS ROTOS, APAGONES Y PACIENTES ABANDONADOS
Por Dagoberto Pérez
Matanzas.- Lo ocurrido en el hospital provincial Faustino Pérez, de Matanzas, es otra muestra del deterioro de la atención sanitaria en Cuba. Un ciudadano llevó a su madre a realizarse una tomografía y terminó viviendo una jornada de incertidumbre, apagones y desorganización.
Primero se fue la electricidad mientras esperaban su turno. Después arrancaron el grupo electrógeno y, dos horas después, regresó la corriente de la calle, pero el tomógrafo se bloqueó. La paciente se quedó sin hacerse el estudio, una persona enferma que llegó buscando un diagnóstico y terminó regresando a casa con el mismo problema.
La situación de su madre tampoco quedó resuelta durante la consulta. Un neurólogo la examinó y, a partir de los síntomas y de algunas pruebas físicas, consideró que el cuadro podía apuntar a Parkinson. Le indicó levodopa tres veces al día y recomendó vigilar la evolución de los temblores y las dificultades motoras.
La tomografía continúa pendiente hasta que el equipo vuelva a funcionar. Una familia que necesita respuestas médicas tiene que conformarse con esperar a que un aparato salga de su estado de bloqueo. En cualquier sistema sanitario que se respete, semejante situación debería provocar una revisión inmediata de los protocolos de atención.
El problema fue todavía mayor para otros pacientes. Según el testimonio, varias personas habían llegado desde Girón y Jagüey Grande, algunas después de pagar transporte para trasladarse hasta el hospital. Los primeros pacientes de la mañana alcanzaron a realizarse el estudio, incluso con Contraste, cuyo frasco tiene un costo aproximado de 500 dólares.
Sin embargo, al bloquearse el tomógrafo y fallar el sistema de respaldo, se perdieron los estudios realizados anteriormente. Personas que regresaron a sus casas convencidas de que todo había salido bien descubrieron que tendrían que repetir el procedimiento. El dinero -500 usd-, el tiempo y el esfuerzo de esos pacientes quedaron en el aire.
El panorama dentro del hospital tampoco ayuda a transmitir confianza. El ciudadano describe pasillos con apenas una lámpara encendida de cada diez y pacientes procedentes de distintas localidades que llegan con enfermedades y necesidades médicas para terminar recibiendo indicaciones de reposo y búsqueda de medicamentos o recursos por su cuenta. No se trata únicamente de un tomógrafo averiado. Estamos ante una cadena de dificultades que afecta el diagnóstico, la atención y la tranquilidad de quienes acuden a una institución que debería ofrecer respuestas.
Los enfermos no pueden seguir pagando las consecuencias de la falta de mantenimiento, los problemas eléctricos y la precariedad de los recursos hospitalarios.
La propaganda oficial lleva décadas presentando a Cuba como una potencia médica, aunque testimonios de esta naturaleza describen una realidad muy distinta. Un paciente no debería depender de la suerte para conseguir una tomografía, ni una familia tendría que gastar sus ahorros en transporte para terminar regresando sin resultados.
La medicina necesita equipos funcionales, electricidad estable, insumos y profesionales respaldados por condiciones dignas de trabajo. La frase que dejó este ciudadano resume el nivel de frustración de muchas familias cubanas: «El mejor médico en estos momentos aquí en Cuba es Google». Una expresión amarga que retrata la desesperación de quienes buscan respuestas fuera de un sistema que debería garantizarles atención.



















