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Por Padre Alberto Reyes ()
Camagüey.- Que Cuba necesita un cambio de Gobierno y de sistema político es una evidencia. El proyecto llamado “Revolución cubana” no sólo ha fracasado, ha fracasado estrepitosamente. Después de casi 70 años bajo un poder totalitario, las condiciones de vida en la isla no pueden ser peores, la situación del pueblo no puede ser más lamentable.
Muchas variables hacen pensar que un cambio está cerca: la crisis económica llegada a niveles nunca vistos, la presión de la actual Administración norteamericana, el distanciamiento de antiguos socios
ideológicos como Rusia y China, la ausencia de una nueva nación “salvadora” que permita chupar sus recursos, el rechazo de muchas naciones a aceptar proyectos que beneficiaban al Gobierno, como las misiones médicas, el aislamiento diplomático cada vez más evidente…
Mientras el Gobierno cubano parece que intenta desesperadamente ganar tiempo a ver si puede revertir esta situación, da la impresión de que cada vez hay más puertas que se cierran, cada vez menos gente que les cree, cada vez menos gente que está dispuesta a seguir perdiendo dinero y credibilidad por apoyar a un régimen dictatorial y fallido.
Todo esto está siendo importante en el camino hacia un cambio, pero la clave más importante no está allí, sino en un pueblo que se ha cansado, en un pueblo que por primera vez en mucho tiempo ha
empezado a creer que tiene derecho a la libertad y a la prosperidad, y ha decidido hacer algo por conseguirlo.
Hagamos un resumen rápido de los últimos años: el Movimiento San Isidro, la concentración juvenil delante del Ministerio de Cultura, el inolvidable 11 de julio, la protesta de los universitarios ante el tarifazo
de ETECSA, las múltiples protestas en las universidades, las miles y miles de manifestaciones populares, algunas tan relevantes como Nuevitas y Caimanera, el cada vez más ausente miedo a manifestar las propias opiniones tanto en las redes sociales como en el espacio público, las voces cada vez más claras de los obispos cubanos…
Como colofón de esta lista, apareció “El4tico”, una de las reflexiones más lúcidas y profundas de todas las que hemos tenido, y cuando la omnipresente oleada represiva acalló sus voces, ha surgido con audacia un fenómeno nuevo: “Fuera de la caja”, con un sello distintivo, la fe, la motivación que pone su fuerza en el Dios del universo, jóvenes líderes de una generación diferente, jóvenes que no trabajan solos, porque cuentan con el respaldo de sus comunidades cristianas, comunidades que no dudarán en defenderlos.
Conocemos la frase, nunca mejor aplicada a nuestro presente: “Podrán cortar todas la flores, pero no podrán detener la primavera”. Y la primavera ya está aquí, y seguirá mostrándose con toda su fuerza.
Porque este pueblo, más allá de su adoctrinamiento, de su miedo, de su inseguridad y su indefensión, ha dicho “¡Basta”!, y ha echado a andar, y no parará hasta el día en que, felices, nos abracemos y podamos decir: “¡Somos libres!”.