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Por Yeison Derulo
La Habana.- El gobernador de San Petersburgo, Alexander Beglov, ha venido a Cuba a repetir la misma postal diplomática que la dictadura castrista lleva décadas vendiendo: abrazos, fotos, discursos vacíos y promesas que nunca aterrizan.
En la FIHAV 2025 aseguró que su visita fue “intensa” y “productiva”, como si esa retórica maquillada pudiera tapar que Cuba está hundida en una crisis sin precedentes. Mientras él habla de contratos, pabellones y acuerdos de colaboración, el cubano de a pie sigue atrapado en apagones interminables, colas miserables y un gobierno incapaz de garantizar siquiera un litro de leche para los niños.
Según Beglov, uno de los objetivos de su estancia era “renovar contactos de trabajo” con provincias como La Habana, Matanzas y Santiago de Cuba. Pero es difícil creer que exista una verdadera colaboración cuando una de las partes vive de rodillas, pidiendo migajas a cualquier socio que esté dispuesto a prestarle un par de ambulancias viejas o firmar un memorando simbólico.
La dictadura cubana ha convertido estas visitas en un ritual mendicante: recibe gobernadores, ministros y enviados extranjeros como si llegaran salvadores, mientras oculta que ninguno de esos acuerdos ha logrado sacar a Cuba del hoyo económico donde el castrismo la metió hace más de seis décadas.
Beglov agradeció la “calidez y hospitalidad” del pueblo cubano, ese mismo pueblo que no tiene agua, ni comida, ni transporte, pero que el régimen utiliza como decorado folklórico para impresionar a invitados internacionales.
También dijo sentirse conmovido por los estragos del huracán Melissa y anunció la donación de tres ambulancias, como si tres ambulancias pudieran cubrir la devastación generada no solo por un fenómeno natural, sino por años y años de abandono estatal, corrupción y desidia. Es fácil ser solidario desde la distancia; lo difícil es exigir responsabilidades a los que han destruido la infraestructura del país hasta dejarla en el esqueleto.
No faltó el componente simbólico de estas visitas: monumentos, invitaciones para que niños viajen a San Petersburgo, intercambios culturales y sonrisas para la prensa. Todo muy lindo para un noticiero oficialista, pero completamente inútil para una población que vive en una realidad donde las escuelas se caen, los hospitales están sin agua corriente y la electricidad desaparece como un truco de magia negra.
La dictadura se emociona con monumentos y ceremonias porque no puede ofrecer resultados reales; sustituye la gestión por la escenografía, la incapacidad con retórica soviética reciclada.
En resumen, la visita de Alexander Beglov no es más que otro capítulo en el triste guion de dependencia y propaganda del régimen cubano. Mientras el Gobierno presume de acuerdos internacionales que jamás se traducen en bienestar, el país sigue desangrándose por todas partes.
Aunque intenten vender la idea de que Cuba tiene grandes aliados, lo cierto es que ningún pacto servirá mientras la dictadura siga gobernando con el cinismo, la mediocridad y el desprecio al pueblo que la han caracterizado durante más de 60 años. Cuba no necesita más delegaciones extranjeras que corten cintas; necesita un Gobierno que deje de hundirla.