APor Albert Fonse ()
Vancouver.- Ahora que está de moda Sandro Castro, recordemos que su padre Alexi Castro Soto del Valle defiende la constitución socialista de 1940.
Es bueno recordar esto ahora que estamos en un momento histórico y podremos entrar en una transición.
Esta constitución siempre ha sido venerada por el régimen, y en más de una ocasión los Castro la han mencionado, desde Fidel hasta Raúl, y por supuesto sus hijos y nietos la apoyan.
Es muy peligroso este grupito de “cuarentiñas” que se hacen pasar por gente de derecha y hasta radicales, y no son más que manipuladores o manipulados. Una Cuba nueva no puede arrastrar errores del pasado, y todo lo que tenga comunismo o socialismo tiene que ser eliminado.
El problema no es solo lo que dicen, sino lo que intentan construir en el relato. Se está preparando una narrativa donde se vende la idea de que todo comenzó bien, que el origen fue “martiano”, “democrático” y “libertario”, y que lo que vino después fue una desviación. Esa versión busca limpiar responsabilidades y abrir espacio para que los mismos apellidos, las mismas estructuras y la misma mentalidad sigan influyendo en el futuro de Cuba.
El peligro hoy es evidente. Se está tratando de infiltrar una falsa derecha, una oposición controlada o ingenua, que en el fondo termina legitimando las bases del mismo sistema. Personas que hablan duro, que usan lenguaje radical, pero que no cuestionan el origen del problema ni las estructuras que lo sostienen. Ese es el relevo que conviene al poder: caras nuevas con ideas viejas.
Cuba no necesita reinterpretar el pasado. Necesita romper con él. Cualquier intento de mantener elementos ideológicos del comunismo o del socialismo dentro de una nueva etapa solo garantizará la continuidad del mismo fracaso, con otro nombre y otros rostros.
El momento que viene no es para matices ni ambigüedades. Es para definir con claridad qué se deja atrás y qué no puede volver jamás.
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