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Por Jorge L. León (Historiador e investigador)
Quien controla el pasado controla el futuro; quien controla el presente controla el pasado.
— George Orwell–
Hosuton.- La historiografía cubana ha sido brutalmente alterada durante décadas. No se trata simplemente de diferencias de interpretación histórica; se trata de una narrativa cuidadosamente elaborada para deformar hechos fundamentales de nuestra historia nacional.
Durante más de medio siglo se construyeron relatos donde los acontecimientos fueron reorganizados, exagerados o silenciados con un objetivo muy concreto: Justificar un proyecto político y desacreditar etapas enteras de la vida republicana de Cuba.
Aclaro desde el inicio algo esencial: no soy un soñador alejado de la realidad. Las naciones actúan guiadas por intereses. Así ha sido siempre en la historia universal. Pretender lo contrario sería desconocer cómo funciona el sistema internacional y cómo se comportan los Estados.
Analicemos entonces el caso de los Estados Unidos dentro de la historia de Cuba.
Cuando se produce la intervención norteamericana en 1898, la guerra contra España llevaba ya tres años de enorme desgaste. El país estaba devastado. Las campañas militares, la política de reconcentración aplicada por el general español Valeriano Weyler, y la destrucción de campos y poblados habían provocado una catástrofe humana y económica en toda la isla.
La intervención de Estados Unidos aceleró el final de aquella guerra. Este hecho, que durante décadas ha sido presentado de manera simplificada o manipulada, merece ser analizado con serenidad histórica.
Muchos han repetido que los norteamericanos entraron cuando la guerra estaba prácticamente ganada por los cubanos. Ese argumento merece discusión. El Ejército Libertador había demostrado heroísmo y una extraordinaria capacidad de resistencia, pero el país estaba exhausto y el conflicto se había convertido en una guerra larga, devastadora y de resultado incierto en el corto plazo.
La entrada de Estados Unidos en la guerra tras la explosión del acorazado USS Maine desencadenó el conflicto conocido como la Spanish–American War, que terminó con el colapso definitivo del dominio español en el Caribe.
Ese desenlace abrió el camino hacia la independencia formal de Cuba y el nacimiento de la República.
En 1902 nació la República cubana. No fue un proceso perfecto. La presencia de la Enmienda Platt representó sin duda una limitación para la soberanía plena del país. Sin embargo, reducir toda la etapa republicana a esa cláusula es una simplificación interesada que ignora la evolución política, económica y social que experimentó
Por primera vez en su historia, la nación cubana comenzó a organizar instituciones propias, desarrollar infraestructura, expandir su economía y construir un sistema político nacional.
En 1934, la Enmienda Platt fue finalmente abolida mediante acuerdos bilaterales, lo que representó un paso importante en la consolidación de la soberanía cubana.
Hubo corrupción. Hubo abusos… crisis políticas. Ninguna república joven está libre de esos problemas. Pero existía un país que funcionaba, que producía, que crecía y que ofrecía oportunidades a millones de cubanos.
Ese capítulo de nuestra historia fue luego reescrito para convertirlo en una caricatura de dependencia y decadencia.
Hoy, en uno de los momentos más dramáticos de la historia contemporánea de Cuba, la nación vuelve a enfrentarse a una pregunta fundamental: ¿cómo entender su relación con el mundo y cómo interpretar su propio pasado?
Los pueblos que desconocen su historia o la aceptan deformada terminan perdiendo también la capacidad de decidir su futuro.
Por eso es necesario revisar el pasado con honestidad intelectual. Porque cuando la historia se cuenta con verdad, los pueblos recuperan algo esencial: La dignidad de pensar por sí mismos. Y, eso si que vale la pena.