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Por Observatorio de Derechos Culturales
Quivicán.- Después de más de un mes presentando un cuadro febril severo acompañado de dolor de cabeza, debilidad y desnutrición extrema, desmayos recurrentes y sensación de calambres o parestesia en las manos y el rostro. Tenemos conocimiento de que la Seguridad del Estado ha autorizado atención hospitalaria al preso Juan Enrique Pérez Sánchez.
No obstante, dada la naturaleza criminal de la indolencia demostrada, señalamos que las autoridades carcelarias de la prisión de Quivicán y su personal sanitario son los responsables directos de haber llegado a este punto. También son responsables de lo que suceda con la vida de Juan Enrique. Basta recalcar que lo han mantenido en régimen de incomunicación para que no trascendiera la delicada situación.
Finalmente hoy, 4 de agosto de 2025, un mes y una semana después de que las fiebres comenzaran, y ante una pérdida crítica de masa muscular. Deciden trasladarlo hacia La Habana, sin que aún se conozca el hospital de destino.
Si esta hospitalización hubiese ocurrido a tiempo, usando para ello las instalaciones de la sala de penados que existe en el propio municipio de San José de la Lajas. Juan Enrique no se encontraría hoy entre la vida y la muerte.
Lo que ahora ocurre, no es más que la confirmación flagrante de que la tortura médica es rutina en las prisiones de Cuba. En estas, guardias y médicos se equiparan en nivel de criminalidad según las indicaciones de la policía política.
Hacemos un llamado de auxilio a todas las organizaciones de la sociedad civil cubana y la comunidad internacional para que se enfoquen en este caso. Actúen a tiempo y le den garantía de vida a Juan Enrique Pérez Sánchez.
Juan Enrique es un activista cubano condenado a ocho años de prisión por su participación en las protestas del 11 de julio de 2021, en el poblado de Vegas, municipio de Nueva Paz, provincia de Mayabeque. Durante esas manifestaciones llevó un cartel que decía: “Era tanta el hambre que nos comimos el miedo.”