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Por Jorge Menéndez ()
Cabrils.- Una vez más, y por mucho que el régimen lo niegue, Cuba ha quedado sola, como ocurrió tras la caída del bloque socialista. Los denominados “gobiernos hermanos” han abierto sus puertas al imperio con el fin primordial de conservar el poder, aunque sea temporalmente.
El control total de las exportaciones petroleras, la liberación de presos políticos en Nicaragua y Venezuela, el desmantelamiento de la red de médicos cubanos y la salida de asesores militares, sumados a la reapertura de la embajada estadounidense en Caracas, apuntan al fin de las fraternales relaciones con Venezuela, que parece haber vuelto la página.
Los ejemplos históricos sobran: Angola, Etiopía, los antiguos países socialistas, Venezuela y, presumiblemente pronto, Nicaragua. Visto lo visto, Cuba está sola, por mucho que le pese al gobierno.
En el contexto internacional actual, prima la economía y el estado de bienestar sobre la exportación de revoluciones ideológicas, modelos que con frecuencia derivan en castas privilegiadas, miseria y narcotráfico. Se impone un nuevo orden ante tanta retórica vacía, y debe quedar claro: o ese orden lo establece el propio gobierno mediante una apertura democrática, o le será impuesto desde fuera por puro sentido común.
El mundo tiene demasiados problemas como para admitir camarillas que fomentan la tortura por disentir, que protegen el narcotráfico y se perpetúan en el poder a costa de la miseria de su pueblo, para luego intentar exportar sus valores fallidos.
Cuba hoy, por mucho que le pese a su cúpula gobernante, está aislada. Lo está por el anacronismo de su sistema y sus ideas; porque nunca ha gobernado para el pueblo, sino para sus propios bolsillos; porque se ha convertido en el antigobierno, la antisociedad y el anacronismo en sí mismo.
Todo esto se pudo evitar con un poco de sentido común, pero la ideología perversa y la corrupción se impusieron. Su desmantelamiento es, a estas alturas, inevitable. Cuba no está en condiciones de vivir de espaldas al mundo, y esto se hará patente más temprano que tarde.
Estados Unidos se equivocaría si no da el último empujón y abandona al pueblo cubano, como en Girón. Las tiranías no caen solas ni voluntariamente; es necesario ayudar a un pueblo agotado, oprimido y llevado al límite de su resistencia.
El gobierno cubano, en vez de sacar las conclusiones obvias, se encierra nuevamente en consignas como “la guerra de todo el pueblo” y otras derivadas de un discurso ya inservible. Una razón más para dar, de una vez por todas, el último toque.