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El terremoto político: si Trump hablara de anexar a Cuba

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Por Albert Fonse ()

Ottawa.- Si mañana Donald Trump hablara abiertamente de anexar a Cuba, el impacto sería inmediato dentro y fuera de la isla, y la dictadura cubana entraría en pánico.

Dentro de Cuba, la reacción sería una euforia colectiva de alegría. Millones de cubanos apoyarían esta alternativa sin titubear, porque es una salida real a la miseria y represión impuestas por el régimen durante décadas.

No una promesa vaga ni una transición controlada por los mismos militares y parte de la oposición, sino un cambio de rumbo claro, con garantías económicas, jurídicas y de seguridad. Con un rumbo claro, los cubanos no dudarían en tirarse a las calles a pedir anexión en masa, sabiendo que Estados Unidos los va a proteger.

En el exilio, el apoyo se volcaría de inmediato. Los congresistas cubanoamericanos también lo respaldarían, porque entenderían el momento histórico. Incluso muchos grupos opositores que hoy reniegan de la anexión no tendrían más opción que seguir la ola. Cuando una idea conecta con la gente, tiene respaldo político y ofrece una salida clara, el resto se alinea o queda fuera del momento.

La dictadura sabe que ellos no serían necesarios para un futuro de Cuba anexada. Sabe que, a diferencia de otros proyectos de transición donde el poder militar intenta reciclarse y negociar su permanencia, en este escenario no tienen espacio. Un proyecto así los deja fuera del tablero, porque se les puede decir claramente: o se van, o los vamos. No hay intermediarios, no hay maquillaje político y no hay coartadas ideológicas.

Si la mayor potencia del mundo deseara unir a Cuba a su territorio, sería un terremoto político que desnudaría la fragilidad del régimen. Sería volver realidad el sueño de millones de cubanos: “como me gustaría vivir en Miami, o vivir como en Miami”.

Por eso tenemos que seguir empujando las firmas. Pásenla a tus amigos, familiares, grupos de Facebook, grupos de WhatsApp, donde sea. Si logramos que Trump se entere y, además, le guste la idea, todo daría un giro de 180 grados.

Solo de imaginarlo, la alegría me consume. Una Cuba sin dictadura, con pasaporte americano. ¿Se imaginan?

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