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Por Nadieska Almeida ()

Bejucal.- Jesús, apenas iniciando su misión, tiene una confrontación con los fariseos. Estos le reclaman que sus discípulos estaban haciendo algo prohibido, arrancar espigas en sábado, y no tiene mejor respuesta que recordarles lo que había hecho uno de sus antepasados y, además, les regala una profunda lección: el ser humano es más importante que cualquier ley, la persona está siempre por encima.

Es imposible no recordar a la luz de este texto del Evangelio, cuántas veces de pequeña escuché que no era justa la ley del embudo, lo ancho para mí y lo estrecho para ti. La justicia es bastante difícil de aplicar, ya lo decía nuestro José Martí: “ser bueno es fácil, lo difícil es ser justo”.

Los cubanos, en su gran mayoría, estamos sometidos permanentemente a la injusticia. Otros deciden por nosotros, otros piensan por nosotros, otros hablan por nosotros y, cuando algunos se deciden a hacer valer sus derechos, entonces son marginados, burlados, humillados, vigilados, censurados con desconexión telefónica forzada y, lo peor, muchas veces sin posibilidad de defenderse.

Un llamado a la dirigencia

Es tan opresivo lo que estamos viviendo, que la ola represiva se siente cada vez más fuerte. Basta que quienes piensan distinto se pronuncien en las redes sociales, que hagan propuestas, o simplemente se expresen pacíficamente, para que sufran cualquier tipo de vejación.

Miremos los últimos jóvenes que ya tienen condena. Hagamos lectura del caso de Barrenechea, aún podemos escuchar el llanto de su anciana madre que murió sin ver a su hijo. Sigamos lo que viven las Damas de Blanco. Detengámonos cada día 18 y estemos atentos a Alina Bárbara, a Jenny Pantoja, a Jorge Fernández Era.

Estemos atentos y acompañemos a las madres y padres de los presos, cada vez es más hondo su sufrimiento, y todo por el reclamo genuino de una libertad que, por más que quieran aplastarla con el doblegamiento de un pueblo cansado, indefenso, hambriento y amordazado, ya no puede esperar más.

Una vez más me dirijo a los responsables de esta nación, los que aplican leyes sin importarles la realidad de la persona. Ustedes saben que no es justo que continúen empecinados en un sistema que no responde en absoluto a las necesidades básicas y elementales del ser humano. Ustedes saben bien que querer callar a todo un pueblo ya no es posible, siempre habrá voces y campanas dispuestas a decirles de frente y con sumo respeto lo que deberían escuchar. En este país hay personas dispuestas a buscar caminos de paz sin necesidad de ofender ni discriminar, aún somos muchos los que queremos una Cuba para todos y con todos.

Secuelas de un sistema fallido

Cuando pienso en la ley del embudo me es tan sencillo el ejemplo y tan claro a la vez. Ustedes llevan 67 años imponiendo una ideología, procesos de rectificaciones, promesas incumplidas, servicio militar obligatorio, vigilancias por cuadras, represores entrenados… Llevamos décadas sin ver nada bueno porque es fallido su sistema, y si aún lo dudan miren el éxodo masivo de nuestra gente. Deténgase a observar la cantidad de ancianos solos, presten atención a las personas de 50 y 60 años que ven partir a sus hijos porque no quieren que crezcan en un país sin futuro y, porque, además, no tienen la suerte de muchos de los hijos de ustedes que gozan de privilegios dentro y fuera del país.

Hoy, con mis luces y sombras como seguidora de Jesús, que fue el hombre más claro y justo que tuvo la historia, que siendo Dios se hizo hombre por amor, vuelvo a levantar la voz. Sigo intentando decirles que es hora de cerrar el embudo, es momento de hacer crecer la justicia, dejen que otros hagan el camino hacia la libertad y la democracia, hacia todo lo que nos merecemos y a todo lo que tenemos derecho.

Ya no hay más alternativas que permitir que este pueblo renazca, que surja de sus cenizas en las que lo han sumergido. Ya es hora de superar los miedos al cambio, crean que la gran mayoría tiene ese anhelo y lo único que necesitamos es la oportunidad para reconstruir juntos, con libertad y respeto a nuestros sueños, una Cuba en la que tengamos la posibilidad de vivir.

Y porque mantengo mi esperanza, sé que no seré defraudada, porque Dios no defrauda a quienes en Él confían. Mientras llega ese momento seguiremos arrancando espigas en sábado, levantando voces, trazando caminos que generen vida, porque el hombre y la mujer están por encima de las leyes, de los sábados, de las injusticias.

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