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A primera vista, la imagen puede parecer inofensiva. Unas piezas metálicas colocadas sobre una mesa de laboratorio. Nada que sugiera peligro inmediato. Sin explosiones, sin radiación visible, sin alarmas.
Pero para un ingeniero nuclear, esa fotografía resulta profundamente inquietante. Porque esas piezas son plutonio metálico.
Y la forma en que están colocadas podría haber creado una situación extremadamente peligrosa desde el punto de vista de la criticidad nuclear.
En física nuclear, el riesgo no siempre proviene de un reactor o de una explosión. A veces basta con reunir suficiente material fisible en la configuración equivocada para que se produzca una reacción en cadena inesperada.
Ese fue precisamente el principio detrás del famoso “Núcleo Demonio”, un núcleo de plutonio utilizado en experimentos del Manhattan Project en el Los Alamos National Laboratory.
En 1945 y 1946, dos accidentes de criticidad durante pruebas con ese material provocaron la muerte de los físicos Harry Daghlian y Louis Slotin. Ambos recibieron dosis masivas de radiación en cuestión de segundos.
Aquellos episodios transformaron por completo la forma en que se manejan los materiales nucleares.
Hoy existen protocolos extremadamente estrictos para evitar que una masa de material fisible pueda acercarse a una configuración supercrítica.
Por eso la fotografía tomada en 2011 dentro de una instalación de Los Alamos generó tanta alarma.
En la imagen se veía una hilera de piezas de plutonio metálico colocadas muy cerca unas de otras. Si esas piezas se hubieran enrollado o reorganizado accidentalmente en una geometría más compacta, podrían haber aumentado su interacción neutrónica.
En otras palabras, podrían haber formado un sistema cercano a la criticidad.
No ocurrió ningún accidente.
Pero la simple existencia de esa fotografía fue suficiente para que la instalación fuera cerrada durante cuatro años mientras se revisaban los procedimientos de seguridad.
Porque en el mundo nuclear, el peligro rara vez aparece con advertencias espectaculares.
A veces basta una mesa, unas piezas de metal… y una configuración equivocada.
Eso es lo que hace que los especialistas recuerden todavía aquel antiguo experimento con plutonio que terminó recibiendo un nombre inquietante.
El “Núcleo Demonio”.
Una pequeña esfera de metal que enseñó a toda una generación de científicos que, en física nuclear, un segundo de descuido puede ser irreversible.