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El pitcheo cubano ante el espejo de la historia

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Por Robert Prat, enviado especial

San Juan.- El triunfo por 3-1 sobre Panamá en el estadio Hiram Bithorn no debe leerse como una simple victoria debut, sino como un parte de fortaleza en medio de las limitaciones estructurales que arrastra esta selección.

Cuando no están los grandes nombres de las Grandes Ligas —los Luis Robert, los Yordan Álvarez, los Aroldis Chapman—, el equipo necesita encontrar otras vías para competir. Y en este primer examen, la respuesta llegó desde el montículo y desde el swing oportuno de quienes aún responden por la camiseta.

El jonrón de Yoelkis Guibert en la segunda entrada y el de Yoan Moncada en la tercera, con Yiddi Cappe en circulación, fueron suficientes para inclinar la balanza . Pero cuidado: cinco hits nada más, y una ofensiva que dependió de dos destellos de poder, no pueden ser la única fórmula si se piensa en avanzar .

La clave del encuentro, sin embargo, estuvo en los brazos. Liván Moinelo, el zurdo que brilla en Japón, demostró por qué es el as indiscutible de esta rotación: tres entradas y dos tercios, dos hits, cuatro ponches y cero carreras, con un control milimétrico que mantuvo a raya a los canaleros.

Detrás de él, Yariel Rodríguez respaldó con dos entradas y un tercio en blanco, y el cerrador Raidel Martínez cerró con autoridad en la novena. Este trío —Moinelo, Rodríguez, Martínez— es el lujo que Cuba aún puede ostentar, la columna vertebral que sostiene un edificio con muchas grietas en la alineación. Sin ellos, el discurso sería otro. Con ellos, hay esperanza.

El verdadero examen

Pero el camino hacia la segunda ronda es una ecuación que exige más que brazos calientes. El Grupo A, con sede en San Juan, tiene a Puerto Rico como el gran favorito, pero también a Colombia y Canadá como escollos de cuidado. El calendario que viene es despiadado: el 8 de marzo ante Colombia, el 9 ante los boricuas y el 11 frente a Canadá.

El formato permite que dos de cada cinco avancen, y Cuba ya tiene un triunfo en el bolsillo. Pero para alcanzar los cuartos de final —y mantener esa racha de clasificarse en todas las ediciones del Clásico— necesitará al menos una victoria más, probablemente dos, dependiendo de cómo se den los desempates .

Lo que viene no es un misterio: Colombia tiene bates jóvenes y hambre de protagonismo; Puerto Rico jugará ante su gente con una diáspora de Grandes Ligas que impone respeto; Canadá, aunque sin Freddie Freeman, siempre es competitiva. Cuba necesita que Moncada encuentre consistencia, que Despaigne —a sus 39 años— aporte algo más que experiencia, y que el bullpen detrás de los tres ases no se convierta en el punto débil que muchos pronostican.

La historia de este equipo en el Clásico ha tenido páginas memorables, desde la final de 2006 hasta las semifinales de 2023. Pero esta versión de Cuba, diezmada por ausencias y sostenida por veteranos y jugadores de la NPB, camina por la cuerda floja. Ganar a Panamá era obligatorio. Lo que viene es el verdadero examen.

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