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EL PAN NO SABE A CUCARACHA, LO QUE SABE A CUCARACHA ES EL TRIGO

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Por Sergio Barbán Cordero ()

Miami.- Desde hace mucho tiempo, los cubanos afirman que el pan tiene un sabor desagradable, al punto de compararlo con ciertos insectos. Muchos aseguran que sabe a cucaracha.

¿Por qué sucede esto? Un periodista, sin rodeos, abordó a un dirigente del régimen con esta inquietud.

La respuesta del funcionario no solo fue descarada, sino también cargada de desprecio hacia quienes sufren la realidad que él mismo contribuye a perpetuar. Con total arrogancia, respondió:

«Esa harina es fresca, recién molida. El trigo es de la reserva, lleva tiempo en los silos, que están en mal estado y guardan humedad», dijo.

Ver vídeo acá (https://www.facebook.com/sergio.barbancardero/videos/2357322181321782)

«Cuando el trigo lleva mucho tiempo almacenado, adquiere ese sabor extraño. Sí, la gente lo compara con el sabor a cucaracha, pero nadie ha comido una cucaracha», recalcó.

Es decir, admite sin pudor que el trigo proviene de reservas almacenadas en condiciones deplorables, pero al mismo tiempo ridiculiza las quejas del pueblo.

Lo hace como si los cubanos fueran unos ignorantes, incapaces de reconocer el sabor de lo que consumen a diario. Como si la precariedad fuera su estado natural y atreverse a señalarla, un acto de osadía digno de burla.

No es una comedia

Si no fuera por la tragedia y la crisis que atraviesa el pueblo cubano, esta escena parecería una comedia grotesca.

Pero no hay nada gracioso en la impunidad con la que estos burócratas desprecian a la gente común. No se conforman con administrar la miseria; también desprecian a quienes la padecen.

El hambre no es culpa del imperialismo, como repiten incansablemente, sino del saqueo, la ineficiencia y la corrupción de quienes manejan el país como si fuera su feudo personal.

El autor de esta joya de cinismo es Daniel Yon, director de producción de alimentos en Matanzas, Cuba. Su desfachatez es tal que parece competir con la ruina que administra.

Y después, estos mismos dirigentes se quejan de «asesinato de reputación», cuando la realidad es que ellos mismos son un meme viviente.

Su desprecio por el pueblo es tan evidente que ni siquiera se molestan en disimularlo. Porque en su visión de poder, los cubanos no son ciudadanos con derechos, sino súbditos resignados a agradecer hasta el pan que sabe a cucaracha.

Ese es el precio de no ser libre: cuando te administran todo, hasta lo que comes, no solo debes aceptarlo, sino también dar las gracias por la miseria que te imponen.

¡Y todavía Miguel Díaz-Canel se queja de asesinato a la reputación de los dirigentes comunistas!

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