Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Comparte esta noticia

Por Jorge Sotero

La Habana.- En Cuba ya casi nada sorprende, pero siempre aparece algo nuevo que logra superar el absurdo anterior. Ahora resulta que desde México han lanzado una campaña para donar íntimas porque en la isla simplemente no hay. Sí, leyeron bien: en un país que durante décadas se presentó como ejemplo de dignidad y justicia social, hoy se necesitan campañas internacionales para conseguir íntimas. Es el retrato perfecto de una nación que se vino abajo mientras sus gobernantes siguen hablando de victorias revolucionarias.

Lo verdaderamente grotesco no es la solidaridad de quienes quieren ayudar —eso siempre es noble—, sino la situación que la provoca. ¿Cómo es posible que, después de más de sesenta años de “revolución”, un país tenga que depender de donaciones extranjeras para algo tan básico como una íntima? En cualquier lugar del mundo eso sería un escándalo político. En Cuba, en cambio, es apenas otra noticia más dentro de una larga lista de carencias.

Y lo peor es que uno empieza a imaginar cuál será la próxima campaña. Hoy son íntimas desde México. Mañana, quién sabe, quizás desde Guyana alguien organice una colecta para enviar agua potable. No sería descabellado. En muchas ciudades cubanas el agua llega una o dos veces por semana, cuando llega. Mientras tanto, el discurso oficial sigue repitiendo que el problema es el embargo, como si el embargo tuviera la culpa de que en las tiendas no haya jabón, ni medicamentos, ni comida.

Este tipo de escenas también tiene algo profundamente humillante para el pueblo cubano. No porque recibir ayuda sea indigno, sino porque la miseria en la isla no es producto de una catástrofe natural ni de una guerra reciente. Es el resultado de décadas de un sistema económico fracasado y de una dirigencia que jamás ha rendido cuentas por el desastre. Un país entero convertido en receptor permanente de donaciones mientras la élite política sigue viviendo en otra realidad.

Al final, la campaña de las íntimas no es más que una metáfora brutal de lo que ocurre en Cuba. Un país que alguna vez prometió construir al “hombre nuevo” ahora depende de que desde el extranjero le envíen hasta lo más elemental.

Y mientras el mundo manda íntimas, los responsables de esa ruina continúan hablando de soberanía, resistencia y victoria. Esa es, quizás, la burla más grande de todas.

Deja un comentario