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El nefasto Tubal Páez gana el Premio Nacional de Periodismo

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Por Yeison Derulo

La Habana.- Le acaban de entregar el Premio Nacional de Periodismo José Martí a Tubal Páez y, sinceramente, uno no sabe si reír o indignarse. Nos dicen que no se podrá escribir la historia del periodismo cubano sin mencionar a este “ilustre jaruqueño”. Y tienen razón, pero no por las razones que ellos creen. No se podrá escribir porque fue pieza clave de un engranaje que convirtió la prensa en trinchera ideológica, en altavoz del Partido y en instrumento de obediencia.

El currículum que exhiben como si fuera una medalla olímpica es, en realidad, la radiografía perfecta del periodismo subordinado. Estuvo en el periódico Granma 6 y escaló todos los cargos posibles dentro del órgano oficial del Comité Central. Diseñador, redactor, jefe de página ideológica, subdirector. ¿De verdad eso es mérito periodístico o es mérito político? Porque una cosa es informar y otra muy distinta es administrar propaganda durante décadas.

Nos hablan de su paso por Bohemia, por El Habanero, por publicaciones del Poder Popular, de la Unesco y del Minrex. Es decir, siempre dentro del mismo circuito cerrado donde el periodismo no cuestiona, no investiga, no incomoda. Un circuito donde la línea editorial baja desde arriba y el reportero solo tiene que acomodar las palabras para que no se salga nadie del libreto. Si eso es “consagración al mejor oficio del mundo”, entonces llevamos más de medio siglo confundiendo oficio con disciplina partidista.

Veinte años al frente de la Unión de Periodistas de Cuba no son poca cosa. Desde 1993, justo cuando el país se hundía en el Período Especial, cuando la censura se endurecía y cuando muchos periodistas optaban por el exilio o el silencio forzado. ¿Cuántas veces la Upec bajo su mando defendió a un reportero castigado por decir la verdad? ¿Cuántas veces enfrentó la mordaza institucional? La respuesta la conocemos todos: jamás. Su autoridad no fue frente al poder; fue dentro del poder.

Que le entreguen el Premio Nacional de Periodismo José Martí en el año del centenario de Fidel Castro es más que un gesto simbólico; es una declaración política. No están premiando la independencia, ni la investigación valiente, ni la ética frente al poder. Están premiando la lealtad. Y cuando un país confunde lealtad ideológica con excelencia profesional, el periodismo deja de ser periodismo y se convierte, definitivamente, en aparato.

Por eso sí Tubal Páez será recordado, pero no precisamente como el modelo que necesita Cuba para reconstruir su prensa el día que esta pesadilla termine.

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