Enter your email address below and subscribe to our newsletter

El mérito histórico de la emigración cubana

Comparte esta noticia

Por Jorge L. León (Historiador e investigador)

Houston.- No. No es rencor. Llamar “rencorosa” a la emigración cubana es una de las más burdas manipulaciones del discurso político contemporáneo. Es un intento deliberado de deslegitimar la memoria, de despojar de valor el sacrificio y de convertir en defecto lo que, en esencia, es una virtud moral: la dignidad.

Porque lo que ha definido al exilio cubano no es el odio, sino la resistencia.

La emigración cubana no surge por capricho ni por ambición económica. Surge como consecuencia directa de un sistema que fracturó la nación, que convirtió la discrepancia en delito y la libertad en amenaza. Cada cubano que cruzó el mar, cada familia separada, cada niño arrancado de su tierra, es testimonio vivo de una ruptura histórica impuesta por el poder.

Y, sin embargo, lejos de diluirse, esa emigración ha construido.

Ha levantado comunidades, ha preservado la cultura, ha sostenido a millones dentro de la isla mediante remesas, ayuda constante y apoyo moral. Ha sido voz cuando dentro de Cuba se impone el silencio. Tambien ha denunciado cuando otros callan. Ha mantenido encendida la idea de una nación libre cuando el discurso oficial pretendía sepultarla.

Eso no es rencor. Eso es compromiso histórico.

La memoria del emigrado

El emigrado cubano no olvida. Y no olvida porque olvidar sería traicionar la verdad. La memoria no es odio; es conciencia. Es el vínculo que impide que la injusticia se normalice. Es la línea que separa la dignidad de la sumisión.

Y hay que decirlo sin rodeos: a aquellos que, desde la comodidad o la repetición mecánica, nos llaman “malnacidos” repitiendo el estiércol discursivo del régimen, solo cabe responderles con un mandato elemental: estudien. Repetir esa cizaña no es argumento, es síntoma de una ignorancia capital que renuncia al pensamiento propio y se somete a la consigna.

Se intenta, desde ciertos espacios, presentar al exilio como una masa resentida, incapaz de reconciliación. Pero esa narrativa se derrumba ante los hechos: ¿quién ha sostenido económicamente a las familias en la isla? ¿Quién ha abierto puertas, creado oportunidades y mantenido viva la identidad cubana fuera de sus fronteras?

La respuesta es clara.

La emigración cubana no ha sido destructiva. Ha sido constructora. No ha sido estéril. Ha sido fecunda. No ha sido rencorosa. Ha sido profundamente digna.

La dignidad

Dignidad es marcharse cuando quedarse implica renunciar a uno mismo. Dignidad es empezar de cero sin olvidar de dónde se viene, y es tender la mano, incluso cuando se ha sido herido.

Y dignidad es no aceptar la mentira como destino.

La imagen del cubano extendiendo su mano sobre el abismo no es una metáfora cualquiera: es la representación de una nación partida que, a pesar de todo, busca reunirse desde la verdad.

Porque Cuba no son dos. Es una sola. Una nación desgarrada entre el control y la libertad. Entre el miedo y la esperanza.

Y en esa historia, la emigración no es un capítulo menor: es uno de sus pilares más firmes.

Negarlo sería falsear la historia. Despreciarlo sería cometer una injusticia.

La emigración cubana no pide reconocimiento. Lo ha ganado.

No es rencor. Es dignidad.

Deja un comentario

Lo más consultado hoy