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San Juan.- Mientras el béisbol mundial dirige sus miradas hacia los titanes de otros grupos, en la calurosa noche de San Juan se cocina un duelo de dimensiones bíblicas que determinará el destino de dos naciones con el béisbol corriendo por sus venas.
El Grupo A, ese rompecabezas que durante cuatro días ha mantenido en vilo a los aficionados, llega a su jornada definitiva con un escenario tan diáfano como cruel: Canadá y Cuba se enfrentan esta noche en el Hiram Bithorn Stadium con el cuchillo entre los dientes, sabiendo que solo uno de ellos, acompañará al ya clasificado Puerto Rico a los cuartos de final de Houston.
Lo que tenemos ante nosotros no es un partido de béisbol: es una ejecución hipotecaria en diferido donde cada lanzamiento puede significar la gloria o el regreso a casa con la maleta llena de preguntas sin respuesta.
Puerto Rico, ese gigante que ha paseado su autoridad por el Caribe como quien exhibe su mejor guayabera, ya tiene asegurado su billete a la siguiente fase después de una actuación inmpecable que incluyó victorias sobre Colombia (5-0), Panamá (4-3 en diez entradas) y la propia Cuba (4-1). Los muchachos de Yadier Molina, ese cácher que dirige desde el terreno como un director de orquesta sin partitura, han demostrado por qué son considerados serios candidatos al trono.
Con su pase asegurado y un récord de 3-1 tras su partido contra Canadá, los boricuas pueden permitirse el lujo de ver el Canadá-Cuba desde la barrera, con esa mezcla de alivio y superioridad que otorga el deber cumplido. Pero no se equivoque nadie: en el dugout boricua habrá calculadoras, libretas y ojos de halcón analizando a quien será su rival en la siguiente ronda en Houston .
El escenario más sencillo, más limpio, más de manual, es aquel en el que la victoria sonríe a los cubanos. Con un triunfo esta tarde, los dirigidos por Germán Mesa alcanzarían un récord de 3-1, empatando con Puerto Rico pero perdiendo el desempate directo tras su derrota del lunes, lo que les otorgaría el segundo puesto del grupo y el pase automático a cuartos.
Para Canadá, en cambio, una derrota significaría despedirse del torneo con un amargo sabor de boca, especialmente después de haber comenzado con una contundente victoria sobre Colombia (8-2) y haber sufrido después un doloroso revés ante Panamá (3-4) que ahora les pasa factura.
Sería el final de un viaje que prometía mucho y que se queda en promesa incumplida, con el equipo norteamericano viendo cómo sus jugadores emprenden el camino de regreso a sus hogares mientras los cubanos celebran como si hubieran ganado la lotería, que en el fondo es lo que han hecho.
Lo que está en juego esta noche en San Juan trasciende lo meramente deportivo. Para Cuba, es la oportunidad de demostrar que el béisbol de la isla sigue siendo ese producto exquisito que durante décadas asombró al mundo, a pesar de las dificultades y las ausencias. Para Canadá, es la confirmación de que su programa de desarrollo, ese híbrido entre la disciplina estadounidense y el talento norteño, puede competir de tú a tú con las potencias caribeñas.
El Clásico Mundial, ese tornero que algunos todavía se empeñan en menospreciar, nos regala una vez más una noche de esas que definen carreras y construyen leyendas. En el montículo, los lanzadores temblarán no solo por la presión del momento, sino por la certeza de que cada error puede significar el final del sueño. .