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Carlos Cabrera Pérez

El experimentado periodista cubano Pablo Alfonso ha tenido el acierto de publicar un libro de rabiosa actualidad, El espía de Franco en La Habana, que revela uno de los secretos mejor guardados de la Guerra Fría, gracias al trabajo eficaz de un diplomático español acreditado en Cuba, en aquellos días tristes y luminosos del Caribe.

Alfonso, que ha sido ayudado en este empeño por el magnífico Wilfredo Cancio Isla, tiene el mérito de haberse ganado la confianza profesional y personal de la viuda de Don Jaime Caldevilla García-Villar, secretario de prensa de la Embajada de España en La Habana, entre 1957-1967,

La rabiosa actualidad del libro viene dada porque los rusos acaban de hacerle al tardochavismo una jugada parecida a la que perpetraron con el castrismo con la instalación de cohetes de alcance medio con capacidad de portar ojivas nucleares, que nunca llegaron a Cuba, ni siquiera los trajes de especial protección ante radioactividad, que usaban entonces las tropas del Kremlin.

The New York Times reveló que los militares chavistas no pudieron usar los medios antiaéreos vendidos por Moscú porque ni siquiera estaban conectados al radar y varias de sus piezas permanecían almacenadas, cuando helicópteros estadounidenses aparecieron para capturar al derrocado presidente Nicolás Maduro.

El espía de Franco en La Habana y sus acertados informes sobre la sovietización de Cuba han sido un secreto guardado hasta ahora y genera interrogantes geopolíticas sobre la actitud del dictador español, que en 1959 fue bendecido por Estados Unidos, con una visita de Eisenhower, e iniciado un proceso de reformas que fue el embrión de la alabada Transición, después de su muerte.

¿Qué pesó más en Franco, la conveniencia geopolítica de servir a un aliado poderoso y reciente como Estados Unidos, o la pasión sentimental que formaban el agravio de 1898 y el galleguismo compartido con Fidel Castro?

La otra gran revelación del libro, que es una herramienta útil para historiadores, investigadores, profesores y curiosos del siglo XX, es que nada es tan poderosos como el trabajo coherente y bien hecho de un hombre que está en el momento preciso, en el lugar adecuado.

Alfonso y Cancio desmenuzaron las tesis de Caldevilla, sin acotaciones reinterpretativas, solo las necesarias notas a pie de páginas para las nuevas generaciones de españoles, cubanos y estadounidenses que han vivido la Crisis de los misiles con los ojos de Kevin Costner, Roger Donaldson (director) y David Self (guionista) de Trece días.

Un buen informe diplomático es ajeno a toda pirotecnia, cuando informa a su gobierno cuenta lo que está viendo y el hombre de Franco en La Habana contó lo que veía en el borde delantero de un conflicto que tuvo en vilo al mundo, pero su relato tiene la virtud de haber alertado a Madrid de la sovietización creciente de Cuba, antes -mucho antes- de que un campesino cubano, de apellido Villoldo y que formaba parte de una red de la CIA en la isla, alertara a su oficial de enlace que, en pueblos de Cuba, quitaban la luz y empezaban a pasar zorras con unos tubos gigantescos y tapados con lona.

Luego vinieron las fotos de los U2 y las revelaciones de fuentes de Inteligencia estadounidense y aliadas en Cuba, pero Caldevilla lo vio primero y, cumpliendo con su obligación, alertó a Madrid antes que nadie; lo que luego hizo Franco con aquel hallazgo operativo forma parte de la incógnita.

Y muchos años después, siguiendo las peripecias de Cuba, Pablo Alfonso hizo buena la confianza de una viuda española, que tuvo la dicha de compartir su vida con un hombre que la quiso tanto como a España, a la que fue leal hasta su muerte, porque nunca cayó en la tentación sensacionalista de contar lo que sabía, hasta que apareció un emigrado socrático con olfato para revelaciones únicas y prudencia para desenredar madejas de turbulencia.

Un volumen de 99 páginas de oro, incluidos la declaración castrista de persona non grata contra Jaime Caldevilla García-Villar, antes, mucho antes de que Jorge Edwards corriera idéntica suerte con Fidel Castro, que aparece en libro discutiendo con Anastás Mikoyán, que entonces ya tenía una caracterización del KGB sobre la personalidad inestable, iracunda y megalomaníaca de su interlocutor.

Ya disponible en elespiadefranco.com y Amazon.

El espía de Franco en La Habana
Universo Letras, España 2026












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