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El diario de Zlata, la niña que narró el asedio de Sarajevo

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Entre 1991 y 1993, mientras el mundo miraba confundido el colapso de Yugoslavia, una niña de Sarajevo escribía en su diario sobre el hambre, el miedo y los disparos que partían las noches. Su nombre era Zlata Filipović, tenía apenas diez años cuando comenzó a relatar su vida en un cuaderno al que llamó Mimmy. Lo que empezó como un ejercicio de inocencia se transformó en uno de los testimonios más poderosos de la guerra de Bosnia.

Zlata vivía una infancia común: clases de piano, amigos, cumpleaños y escuela. Pero en 1992, el asedio de Sarajevo cambió cada aspecto de su mundo. En cuestión de días, los parques se convirtieron en trincheras, los techos en blancos y las calles en cementerios improvisados. Las bombas caían con una regularidad que ella describía con precisión de quien ha aprendido a medir la distancia entre el silbido y el impacto.

En su diario, escribió sobre la rutina de la supervivencia: derretir nieve para obtener agua, esconderse durante los bombardeos, vivir sin electricidad. Su mirada infantil no usaba términos militares ni políticos; hablaba de la pérdida, del miedo, del hambre, de los amigos que nunca regresaron. Escribía para no volverse invisible, para registrar que aún existía vida en medio de la destrucción.

En 1993, la UNICEF ayudó a publicar fragmentos de su diario, y pronto el mundo reconoció en esa voz la pureza que las guerras intentan borrar. El diario de Zlata fue traducido a más de 36 idiomas y comparado con el de Anne Frank. Ese mismo año, su notoriedad permitió que ella y su familia escaparan de Sarajevo, rumbo a París, y más tarde a Irlanda.

Zlata sobrevivió, estudió en Oxford y en Dublín, y dedicó su vida a hablar por los niños atrapados en conflictos que aún hoy siguen multiplicándose. Su testimonio no busca heroísmo, sino memoria. Su historia recuerda que incluso la guerra más ruidosa no puede acallar la voz de una niña que escribe.

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