Instala El Vigía de Cuba y accede a las noticias al instante.

Mantente informado en todo momento, sin perder ninguna noticia importante.

📱 Cómo instalar:

👉 Android:
Pulsa los 3 puntos (⋮) arriba a la derecha y selecciona "Añadir a pantalla de inicio"

👉 iPhone:
Pulsa el botón compartir 🔗 y luego "Añadir a pantalla de inicio"

Enter your email address below and subscribe to our newsletter

El día que el béisbol le recordó a EEUU que los imperios también se derrumban

Comparte esta noticia

Por Robert Prat ()

Houston.- Lo que ocurrió anoche en el Daikin Park no fue simplemente una derrota. Fue una disertación sobre los peligros de la soberbia. Ese monstruo de mil cabezas llamado Estados Unidos, ese engendro de talento acumulado que responde a los nombres de Judge, Crow-Armstrong y compañía, yacía tendido el el dogout tras recibir una paliza de dimensiones históricas por parte de una selección italiana construida con sangre azzurra y pasaportes conseguidos en oficinas de Nueva Jersey.

El 8-6 final no refleja la tiranía que ejerció Italia durante seis entradas. Durante ese periodo, el marcador marcaba un humillante 0-8 que hizo enmudecer a las 47.000 almas que poblaban las gradas de Houston. Michael Lorenzen, ese journeyman que ha vestido más camisetas que un maniquí de escaparate, se encargó de recordarle a la MLB que el béisbol no se juega en los estudios de Fox, sino en el terreno .

Mientras el equipo de Mark DeRosa parecía operar bajo la premisa de que bastaba con presentar la alineación para que el rival se rindiera por pánico escénico, Italia ejecutaba un plan de juego tan quirúrgico como efectivo.

Kyle Teel, Sam Antonacci y Jac Caglianone convirtieron cada error de un lanzador estadounidense desangelado en carreras que escocían como sal en la herida. El béisbol, queridos amigos, tiene esa cosa maravillosa llamada justicia poética: castiga con la misma severidad al millonario que especula que al humilde que trabaja.

Y anoche, Italia trabajó; Estados Unidos especuló. La remontada final, esos dos jonrones de Crow-Armstrong que encendieron una esperanza tan efímera como intensa, no fueron más que la reacción de un gigante al que le habían robado la cartera. El equipo pretendía recuperarla a puñetazos cuando el ladrón ya estaba en la estación de autobuses .

El ecosistema del tornero se reconfigura ante nuestros ojos

Esta derrota no es una anécdota; es un terremoto de magnitudes insospechadas que reconfigura por completo el ecosistema de este Clásico Mundial. De repente, ese grupo B que parecía un mero trámite para el todopoderoso Estados Unidos se ha convertido en un campo de minas. Ahora Italia (3-0) puede permitirse el lujo de soñar con terminar invicta y México (2-1) se frota las manos ante la posibilidad de hacer lo que mejor se le da: torturar a sus vecinos del norte.

El escenario, queridos lectores, es digno de estudio en escuelas de negocio: tres equipos con un talento descompensado pero con las mismas opciones de avanzar. Están en una danza macabra donde cada carrera encaja y cada out registrado vale su peso en oro.

Para entender el drama que se avecina, debemos sumergirnos en las turbias aguas del reglamento de la WBC, ese artifacto burocrático que haría las delicias de cualquier notario aburrido. Cuando tres equipos terminan empatados con récord 3-1, como podría suceder si México vence a Italia, el primer criterio de desempate no es el diferencial de carreras. Esto ocurre como dictaría la lógica del hombre de la calle. En cambio, el primer criterio es el cociente de menos carreras permitidas por out defensivo jugado entre los equipos implicados en el triple empate.

Es decir, no importa tanto lo que anotas, sino lo que evitas que te anoten mientras estás en el campo. Una regla diseñada por mentes que entendieron que la defensa y el pitcheo son los verdaderos termómetros del campeón. Ahora, esa regla amenaza con enviar a casa al equipo más caro jamás reunido.

La calculadora que puede enviar a casa a los favoritos

Y aquí llegamos al meollo del asunto, al escenario que mantendrá en vela a todo el cuerpo técnico estadounidense. Italia y México se enfrentan mañana en el partido que decidirá no solo el ganador del grupo, sino la supervivencia del gigante. Si Italia gana, todo solucionado: azzurros y americanos a cuartos, cada uno con su dosis de gloria o humildad.

Pero si México se impone, entramos en territorio pantanoso. En ese triple empate, Estados Unidos depende de que la victoria mexicana sea con un marcador holgado. Específicamente, necesita que sean cinco o más carreras anotadas por los aztecas.

¿Por qué? Porque el cociente de carreras permitidas por out entre los tres se recalcularía, y la salvaje derrota estadounidense ante Italia (ocho carreras en seis entradas, imaginen ese RA/OUT) pesa como una losa. Si México gana por la mínima, digamos 3-2 o 4-3, ese cociente beneficiaría a Italia y México. Esto dejaría a Estados Unidos con la maleta hecha y la cara descompuesta.

Lo que está en juego trasciende lo meramente deportivo. Una eliminación de Estados Unidos en primera ronda, especialmente en estas circunstancias, enviaría un mensaje tan claro como perturbador al ecosistema del béisbol mundial: el talento bruto ya no basta. Mientras la MLB se frota las manos con ingresos multimillonarios y contratos obscenos, el resto del mundo ha estado tomando notas. Además, han ido aprendiendo y mejorando. Italia, con su mezcla de italoamericanos hambrientos y europeos con algo que demostrar, ha impartido una lección de humildad que debería servir como punto de inflexión.

El Clásico Mundial, ese torneo que algunos puristas menosprecian, ha vuelto a demostrar que en el béisbol, como en la vida, el que no corre vuela y el que no se adapta, muere. Y Estados Unidos, queridos amigos, está en el alambre, con la calculadora en una mano y el orgullo hecho añicos en la otra. El equipo espera que México decida si quiere ser verdugo o salvador.

Deja un comentario

Lo más consultado hoy