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Por Sergio Barbán Cardero ()
Miami.- Miguel Fernánz de Cossío argumenta que la compensación no debe ser unilateral, diciendo que Cuba “merece ser compensada” por los daños causados por el bloqueo, los intentos de invasión y décadas de acciones estadounidenses.
Ahora, de pronto, la historia da un giro brutal y resulta que el régimen cubano “considera compensar” por las propiedades que confiscó en 1959.
Qué gesto tan noble… lástima que venga acompañado del mismo truco de siempre. Porque no se trata de pagar, se trata de; cómo no pagar. La jugada es vieja; te reconozco la deuda… pero te saco otra más grande para que al final no te deba nada.
El famoso “bloqueo” vuelve a escena como comodín. Un cálculo inflado durante décadas, sin transparencia, sin responsabilidad interna. Un número que sirve para todo: propaganda, victimización… y ahora también para negociar.
¿Y entonces? ¿Quién termina debiéndole a quién? Porque si aceptamos esa lógica absurda, no solo no habría compensación… sino que Estados Unidos terminaría pagando por las propiedades que el propio régimen confiscó.
El mismo libreto desde 1978, cuando durante el Festival de la Juventud y los Estudiantes en Cuba montaron en La Habana un espectáculo propagandístico digno de aplauso… o de carcajada. Un “tribunal antiimperialista” a la medida, donde, por supuesto, Estados Unidos era el acusado y el régimen la víctima, reclamando pérdidas millonarias por el famoso “bloqueo”. Si mal no recuerdo este show lo han repetido varias veces.
Han pasado décadas, ha llovido bastante y no precisamente café en el campo, como desearíamos los cubanos. Pero el cuento sigue intacto. Uno se imagina que, a estas alturas, con intereses, recargos y creatividad revolucionaria, la cifra ya será tan astronómica que ni el propio gobierno de Estados Unidos tendría cómo pagarla. Y entonces, milagro económico, el régimen cubano terminaría no solo sin compensar a nadie… sino convertido en acreedor de sus propias confiscaciones. Un negocio redondo. Para ellos, claro.
El mismo teatro, con nuevos actores y peor escenario. Esto no es un avance, es una maniobra que busca no resolver nada; buscan dilatar, confundir y ganar tiempo.
Y mientras tanto, el verdadero propietario (el pueblo cubano) sigue sin recuperar nada: ni sus bienes, ni sus derechos, ni su futuro. Cada día más empobrecido, más hambriento y pisoteado por una dictadura que lo desprecia, dispuesta a inmolar a todo un país con tal de no soltar el poder ni renunciar a sus privilegios.