La Habana.- El gobierno cubano ha dado un nuevo paso en su carrera por convertirse en el mejor productor de memes del Caribe. Esta vez, el protagonista no es Díaz-Canel con una de sus frases desencajadas, ni Sandro Castro con una entrevista en la CNN, ni el Cangrejo con sus negociaciones secretas.
Esta vez es el Banco Central, que en su infinita sabiduría ha decidido poner en circulación billetes de dos mil y cinco mil pesos. Pero no cualquier billete. Billetes que honran a Mariana Grajales, la madre de la patria, o a Celia Sánchez, la ‘musa’ de la revolución, pero que las Inteligencias Artificiales y el buen humor del cubano han decorados con figuras tan emblemáticas como… bueno, los mismos anormales de siempre. Y ahí comenzó la fiesta.
Las redes sociales, ese territorio que el régimen nunca ha podido controlar del todo, no tardaron en hacer su trabajo. En cuestión de horas, los nuevos billetes se convirtieron en lienzos digitales para la creatividad popular. Alguien puso la cara de Díaz-Canel en lugar de la del prócer desconocido en una moneda. Otro, la de Raúl Castro con sus gafas oscuras.
Un tercero, la del Cangrejo con una botella de ron en la mano. Y así, en un santiamén, el Banco Central había logrado lo que ningún opositor había conseguido en años: unificar al pueblo cubano en torno a un mismo chiste. Porque si hay algo que nos une a los cubanos, es la capacidad de reírnos de todo. Y de todos. Sobre todo de los que nos gobiernan.
El humor como antídoto de la desesperación
Lo más gracioso, o lo más triste, según se mire, es que el gobierno no se da cuenta. Sigue emitiendo comunicados oficiales, sigue explicando la importancia de la nueva política monetaria, sigue hablando de “reordenamiento” y “transformación”. Mientras tanto, en las redes, la gente no para de reír.
Unos dicen que el billete de cinco mil debería tener la cara de Miguel Díaz-Canel, pero no en el anverso, sino en el reverso, porque es lo que vale. Otros sugieren que en lugar de Mariana Grajales deberían poner a la mujer que hace cola en la bodega desde las cuatro de la mañana. El humor, como siempre, es el único antídoto contra la desesperación.
Porque Díaz-Canel se ha convertido, sin proponérselo, en el meme de todo. Cuando habla, es un meme. Cuando calla, es un meme. Cuando sale en la televisión con esa cara de funcionario que ha perdido el sueño, es un meme.
Y ahora, cuando su imagen aparece (o no) en los billetes, también es un meme. El presidente impuesto, ese que llegó al poder porque Raúl Castro lo puso allí, se ha convertido en el símbolo involuntario de la ridiculez del sistema. Un sistema que imprime billetes con unas caras que al momento se vuelven memes, mientras la gente no tiene con qué comer.
Memes y más memes
Lo curioso es que esta no es la primera vez que el gobierno cubano se convierte en meme. Ha pasado con las cacerolas, con los apagones, con las colas, con las declaraciones de Bruno Rodríguez, con los discursos de Díaz-Canel, con los viajes de Sandro Castro, con las fotos del Cangrejo.
El régimen es una máquina de producir memes. Cada vez que abre la boca, cada vez que toma una decisión, cada vez que emite un billete, la creatividad popular se encarga de recordarle que, por más que intente controlarlo todo, no puede controlar la risa. Y la risa, en Cuba, es el arma de los que no tienen nada.
Al final, los billetes de dos mil y cinco mil pesos circularán. Algunos los guardarán debajo del colchón, otros los usarán para comprar comida, otros los cambiarán por dólares en la calle. Pero lo que quedará, lo que realmente importa, es el meme. Esa imagen de un billete con la cara de Díaz-Canel sonriendo mientras el país se hunde.
Esa foto de un billete de cinco mil con Yusuán es genial. Esa postal de un régimen que ya no asusta, que ya no impone, que solo provoca risa. Y en este país, donde la desesperación y el hambre son moneda corriente, la risa es lo único que todavía no han podido confiscar. Que sigan emitiendo billetes. Nosotros seguiremos riendo. Y mientras tanto, el meme, como la libertad, seguirá circulando.