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El arte de la guerra psicológica: Trump no negocia con el castrismo, solo desestabiliza

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Por Max Astudillo ()

La Habana.- Hagamos un alto en el camino y miremos con ojos de estratega lo que realmente está pasando entre Washington y La Habana. Porque si algo ha quedado claro en las últimas semanas es que no hay negociaciones. No las hay. Lo que hay es una operación de guerra psicológica perfectamente orquestada para sembrar el caos en la cúpula castrista.

Trump habla de negociaciones, sí, pero es para confundir. Para que los Castro se pregunten quién está negociando con quién, para que desconfíen de sus propios hijos, de sus propios nietos, de sus propios generales. Para meter el dedo en la llaga de un régimen que ya de por sí vive en la paranoia.

Marco Rubio no está hablando con el entorno de Raúl Castro. No está hablando con Alejandro, el hijo, ni con Raúl Guillermo, el nieto. Eso es una cortina de humo, una filtración calculada para que Díaz-Canel se pregunte si su jefe, el anciano de 94 años, está negociando a sus espaldas. Para que los generales se pregunten si el círculo familiar los está vendiendo. Para que la desconfianza, ese veneno que corroe todas las dictaduras, termine de hacer su trabajo.

Y vaya que está funcionando. Se nota en los nervios. Se nota en la cara del presidente impuesto, que ha perdido varias libras en las últimas semanas. Se nota en la desaparición de la mujer, que no aparece en público, como si temiera que la historia se repitiera, como si el fantasma de Cilia Flores la persiguiera.

Algo anda mal… algo hay escondido

El mensaje que Trump está enviando es claro, aunque no use palabras: «Esto se va a acabar. Puede ser por las buenas o por las malas. Pero se va a acabar». Y mientras tanto, el castrismo intenta ganar tiempo, pero no hace concesiones. No suelta a los presos políticos, sigue persiguiendo activistas, sigue citando a opositores, sigue matando a los que intentan llegar en lancha.

Ahí tienen el episodio de Cayo Falcones: cuatro muertos, seis heridos, y la versión oficial de que era un comando armado cuando en realidad era una lancha de pesca con un solo motor. Ahí tienen a los diez panameños detenidos por pintar letreros contra el castrismo, con cargos inventados, con juicios de farsa.

Algo anda mal. Algo me dice que no es tan sencillo. Porque si Trump realmente tuviera a la dictadura contra las cuerdas, si realmente estuvieran a punto de entregar el país, como algunos sugieren, entonces el régimen estaría haciendo concesiones.

Estaría liberando presos. Estaría moderando el discurso. O estaría bajando el tono de la represión. Pero no. Está más duro que nunca. Está más violento que nunca. Y más represivo que nunca. Eso no es comportamiento de quien está a punto de rendirse. Es comportamiento de quien sabe que no tiene salida, pero va a pelear hasta el final.

La fuerza, el único recurso

La única forma de tomar Cuba, si eso es lo que Trump quiere, será por la fuerza. Descabezando a quienes gobiernan. No solo metafóricamente, sino literalmente. Porque este régimen no se va a ir por las buenas. No va a soltar el poder porque sí, ni va a liberar presos porque se lo pidan. No va a negociar su propia muerte.

Los Castro llevan 67 años demostrando que prefieren ver el país en ruinas antes que soltar el poder. Y lo están demostrando ahora, una vez más, con cada preso político que sigue en la cárcel, con cada activista perseguido, con cada muerto en el mar.

Así que no nos engañemos. Esto no es una negociación. Es una guerra. Una guerra de nervios, una guerra psicológica, una guerra donde el que gana no es el que tiene más razón, sino el que resiste un minuto más.

Trump está jugando sus cartas, y las está jugando bien. Pero los Castro también están jugando las suyas. Y mientras tanto, el pueblo cubano sigue esperando, sigue sufriendo y muriendo.

La pregunta es: ¿cuánto tiempo más? ¿Cuánto tiempo más va a durar esta partida de ajedrez macabra donde las piezas son seres humanos? La respuesta, me temo, no está en las negociaciones. Está en la calle. O en los misiles. Pero no en una mesa de diálogo.

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