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Por Redacción Internacional
La Habana.- El jefe del Comando Sur de Estados Unidos, Francis Donovan, salió este jueves a enfriar una olla que ya venía pitando desde hace días. Ante el Congreso, con esa calma que suele preceder a las tormentas o a las mentiras bien ensayadas, aseguró que el Ejército norteamericano no está en preparativos para una toma de Cuba. Lo dijo sin titubeos, como quien sabe que lo están escuchando en La Habana, en Miami y en cada rincón donde la palabra “intervención” todavía levanta polvo y miedo.
La pregunta no fue casual. Una senadora quiso saber si había ensayos militares con ese objetivo y Donovan, sin rodeos, negó cualquier escenario de invasión. También dejó claro que no tiene conocimiento de planes de la administración de Donald Trump para respaldar a grupos opositores en el exilio con fines de derrocar al Gobierno cubano. Dicho así, suena limpio, institucional, casi tranquilizador. Pero en política, y más cuando se habla de Cuba, lo que no se dice pesa tanto como lo que se declara.
Eso sí, el general no dejó la puerta completamente cerrada. Aclaró que Estados Unidos desplegaría tropas si existiera una “amenaza a la seguridad” de su embajada o de la base naval de Guantánamo. Traducido al lenguaje de la calle: si pasa algo que les toque lo suyo, ahí sí no hay diplomacia que valga. Primero los estadounidenses, después el resto. Una doctrina vieja, conocida, que no necesita actualización porque nunca ha dejado de aplicarse.
Todo esto ocurre en medio de una tensión creciente entre Washington y La Habana. Las negociaciones discretas avanzan a la misma velocidad con la que se agrava la crisis en la isla. El propio Trump, fiel a su estilo, soltó hace unos días que cree que tendrá “el honor” de tomar el control de Cuba, una frase que en cualquier otro contexto parecería un chiste, pero que en este tablero geopolítico suena más a advertencia que a exageración.
Por si fuera poco, reportes de prensa apuntaron a que desde Washington se habría pedido la renuncia del presidente Miguel Díaz-Canel, aunque sin tocar la estructura del régimen ni el poder histórico de los Castro.
La información fue desmentida por el secretario de Estado, Marco Rubio, pero el daño ya estaba hecho: otra ficha movida en un juego donde nadie dice toda la verdad. Mientras tanto, el Comando Sur, desde su cuartel cerca de Miami, sigue observando el tablero latinoamericano con Cuba, como casi siempre, en el centro de la partida.