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Tres minutos de muela para no soltar el trono: El ridículo de Díaz-Canel ante NBC News

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Poner a Díaz-Canel frente a un micrófono extranjero es como soltar a un principiante en una jaula de leones: el espectáculo de la vergüenza está garantizado.

Lo vimos hace unos minutos en NBC News. La periodista, directa al cuello, le soltó la pregunta que todo cubano de a pie se hace mientras hace la cola del pan o sobrevive a un apagón de doce horas: ¿Estaría usted dispuesto a dimitir para salvar a Cuba? Una pregunta de sí o no. Una pregunta que busca honestidad, no doctrina. Pero claro, pedirle honestidad a este «puesto a dedo» es como pedirle carne a una libreta de abastecimiento vacía.

Tres minutos. Tres minutos de una muela rancia y chirriante se gastó el sucesor del desastre para evitar la palabra «renuncia». Porque en el vocabulario de esta casta de barrigones con guayabera, el país puede hundirse en el Caribe, pero el trono no se suelta ni con agua hirviendo.


La soberanía del hambre y el cuento de las «bases»

Díaz-Canel, con esa cara de hormigón que lo caracteriza, tuvo el descaro de hablar de «democracia desde la base» y de «mandatos del pueblo». ¿De qué pueblo habla este señor? ¿Del que está en el exilio, del que está en el Combinado del Este por gritar «Libertad», o del que sobrevive con remesas mientras él desayuna con la cúpula?

Dice que fue «elegido por miles». Mire, «señor» Canel, a usted no lo eligió nadie que no tuviera el carné del Partido en el bolsillo o el miedo en el cuerpo. Usted es el resultado de un dedazo histórico, una pieza de repuesto en una maquinaria que se cae a pedazos. Hablar de «soberanía» frente a una periodista internacional cuando el país depende de las limosnas de Rusia o de la venta de médicos como esclavos modernos, no es solo mentir: es una falta de respeto a la inteligencia de once millones de personas.


El «pivote» del cobarde: ¿Y por qué no le preguntas a Trump?

La técnica fue de manual de escuela de cuadros: si no puedes responder, ataca al mensajero. El tipo intentó cuestionar a la periodista, preguntándole si le hacía eso mismo a otros presidentes. ¡Claro que se lo hacen, Canel! La diferencia es que en los países que no son una finca privada de una familia, los presidentes saben que son empleados públicos, no deidades tropicales.

Esta gira de entrevistas que le están montando a la carrera es el síntoma más claro de la desesperación. La dictadura está buscando oxígeno, tratando de vender una imagen de «diálogo» y «apertura» que ya nadie compra. Mandan al rostro más gris del aparato a intentar convencernos de que su permanencia en el poder es un «sacrificio revolucionario». ¡Qué clase de descaro!

Tres minutos de muela para no soltar el trono: El ridículo de Díaz-Canel ante NBC News

La verdad que no cupo en tres minutos

Lo que no pudo decir en esos tres minutos de verborrea barata es que Cuba se salva, precisamente, el día que él y su comparsa de generales se larguen. No renunció frente a la cámara porque el concepto de «patria» para ellos se limita a los muros de sus mansiones en Punto Cero.

Señor Díaz-Canel, la periodista no le pidió una clase de derecho constitucional de ciencia ficción. Le preguntó si usted tiene la decencia de quitarse del medio para que este pueblo respire. Su respuesta de 180 segundos fue el «no» más largo, cobarde y vergonzoso de la historia reciente.

Usted no se queda por mandato del pueblo; usted se queda porque es el último candado de una celda que ya se está rompiendo.

Te dejamos la trascripción completa de la entrevista para que lo leas con tus propios ojos:

PERIODISTA: ¿Estaría usted dispuesto a dimitir si eso significara salvar a Cuba? ¿Está dispuesto a dimitir con tal de salvar a Cuba para la gente de Cuba?

DÍAZ-CANEL: Usted es una periodista muy importante y reconocida… ¿Alguna vez le ha hecho esa pregunta a cualquier otro presidente en el mundo? Porque esa es una de las condiciones que Estados Unidos está pidiendo. ¿Consideraría usted eso alguna vez? Déjeme explicarle. ¿Le ha hecho esa pregunta a algún otro presidente en el mundo? ¿Le ha hecho esa pregunta a algún otro presidente en el mundo? ¿Podría hacerle esa pregunta… preguntas muy duras, al presidente Trump? ¿Es esa una pregunta suya o viene del Departamento de Estado de los Estados Unidos?

PERIODISTA: Mi pregunta es… porque es una de las cosas que hemos oído hablar al gobierno de EE. UU., que quieren un cambio político aquí en Cuba. Así que mi pregunta para usted: si ellos se lo pidieran, si ellos dijeran que esta es una condición… ¿dimitiría usted?

DÍAZ-CANEL: Debido a su honestidad, voy a asumir que usted está haciendo esa pregunta por esas razones. En Cuba, las personas que están en posiciones de liderazgo no son elegidas por el gobierno de EE. UU. y no tienen un mandato del gobierno de EE. UU. Tenemos un Estado libre y soberano, un Estado libre; tenemos autodeterminación e independencia y no estamos sujetos a los diseños de los Estados Unidos.

Por otro lado, los líderes cubanos no están aquí representando a una élite de poder. Usted puede ver mi origen, dónde nací, mi familia, lo que he hecho a lo largo de mi vida. Somos elegidos por el pueblo, aunque hay una narrativa tratando de ignorar eso. Cualquiera de nosotros, antes de formar parte de un rol de liderazgo, necesita ser elegido en la base, a nivel de distrito electoral por miles de cubanos, y luego aquellos que representan a los cubanos en la Asamblea Nacional del Poder Popular eligen esos cargos de liderazgo y esas oficinas, como sucede en muchos otros países alrededor del mundo.

Así que tenemos un sistema electoral sobre la base de la participación del pueblo. Siempre que tomamos esta posición de responsabilidad o esta posición de liderazgo, no es por nuestra ambición personal, o una ambición corporativa, o incluso una ambición de partido. Lo hacemos como un mandato del pueblo.

Y el concepto de revolucionarios rindiéndose y dimitiendo no es parte de nuestro vocabulario. Si el pueblo cubano entiende que yo no soy apto para el cargo, que yo no he estado a la altura de la ocasión, entonces no debería estar ocupando esta posición de presidente. Yo les responderé a ellos, pero usted debe darse cuenta de que no debe enfocarse solo en el presidente del país, porque tenemos un liderazgo colegiado que está muy estrechamente vinculado al pueblo.

Pero no es Estados Unidos el que puede imponernos nada. El gobierno de EE. UU., que ha implementado esa política hostil contra Cuba, no tiene moral para exigir nada a Cuba. No tienen moral ni siquiera para decir que están preocupados por la situación del pueblo cubano o decir que el gobierno cubano ha llevado a Cuba a esta situación, cuando ellos tienen toda esta responsabilidad sobre sus hombros.

Creo que lo más importante sería que ellos entendieran y tomaran esta posición crítica y sincera, y que reconozcan cuánto le ha costado al pueblo cubano la política que ellos han implementado; cuánto han privado al pueblo estadounidense de una relación normal con el pueblo cubano. Como hemos solicitado y como estamos interesados, queremos participar en un diálogo y discutir cualquier tema sin ninguna condición, no exigiendo cambios de nuestro sistema político, así como nosotros no estamos exigiendo cambios del sistema estadounidense, sobre el cual tenemos varias dudas y consideraciones.

Podemos enfocarnos en lo que nos une y en qué puede crear espacios de entendimiento para alejarnos de la confrontación y tener un camino hacia adelante para ambos países, de beneficios, de amistad y solidaridad.

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