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Por Max Astudillo ()

La Habana.- ¿Vieron la entrevista de Miguel Díaz-Canel a la NBC? Yo la vi, y casi cambio el canal para no ahogarme en tanta lágrima de cocodrilo. El señor presidente cubano, con su mejor cara de mártir latinoamericano, se puso a llorar por el bloqueo, a gemir por las sanciones, a hacer ese numerito que ya conocemos de memoria desde hace seis décadas. Pero lo que más indigna no es el llanto: es la ñoñez del discurso, esa costumbre castrista de echarle la culpa a Washington de que en Cuba no haya leche ni huevos ni libertad.

Díaz-Canel se pasó toda la entrevista repitiendo lugares comunes como si fuera un loro amaestrado por la burocracia del Partido. «El bloqueo es la causa de todo». Claro, Miguelito, el bloqueo tiene la culpa de que ustedes no sepan administrar ni una bodega, de que el apagón sea eterno, de que la gente huya en balsas de madera mientras usted viaja en avión oficial. La realidad es que el castrismo ha sido incapaz durante 67 años, y poner a un ingeniero de terciopelo en la silla presidencial no cambia la historia. Usted sabe, señor Canel, que aunque mañana levanten el bloqueo, su modelo sigue siendo un cadáver putrefacto.

La mala memoria del dizque presidente

Pero lo más desvergonzado fue escucharle decir que Cuba nunca ha sido un país guerrerista. ¿Perdón? ¿En qué Cuba vivió este hombre? ¿Se le olvidó Angola, con cientos de miles de soldados cubanos matando y muriendo en la selva africana? ¿Se le olvidó Etiopía, donde el régimen de Castro envió tropas para apuntalar al tirano Mengistu? ¿O Nicaragua, El Salvador, Bolivia, Argelia…?

El castrismo tiene las manos manchadas de sangre en tres continentes. Usted no puede soltar esa frase sin que se le caiga la cara de vergüenza. O quizás puede, porque la mentira es el único combustible que les queda.

Luego viene el optimismo ladino, ese que le enseñaron en la escuela de la hipocresía. «Vamos a resolver los problemas», dice con una sonrisa que da grima. Pero usted sabe, Miguel, sabe con certeza absoluta que no puede resolver nada. Porque es incapaz. Porque su equipo es mediocre y porque el sistema que representa es una fábrica de fracasos.

Cuba lleva 67 años esperando que resuelvan, y lo único que han resuelto es cómo enriquecerse en silencio mientras el pueblo se muere de hambre. Deje de fingir que puede arreglar lo que sus propios tíos abuelos destrozaron.

Ahora quieren a la diáspora y a los americanos

Y qué risa (o qué asco) da verlo intentar enamorar a los cubanos de afuera, a los norteamericanos, como si el castrismo no hubiera pasado décadas escupiendo contra ellos. Ahora resulta que quiere que los yuma lo quieran, que los exiliados lo aplaudan, que los inversores extranjeros le crean. Pero la memoria no es tan corta, señor presidente.

Ustedes fueron los que construyeron un muro ideológico más alto que el de Berlín. Ustedes llamaron gusanos a los que se fueron. Y ahora salen con un discurso meloso porque se quedaron solos, sin la URSS, sin Venezuela, sin nadie que les preste un peso.

Al final, la entrevista de NBC no fue más que un episodio más de la comedia castrista: un gobernante incapaz llorando por un bloqueo real, sí, pero usando ese bloqueo como el trapo para esconder su propia inmundicia.

Cuba no necesita sus lágrimas, señor Canel. Necesita que usted renuncie, que abran las puertas, que dejen de mentir. Pero mientras siga llorando en la televisión y gobernando desde el miedo, el mundo entero sabrá que el problema no es el bloqueo. Es usted. Y los que le pusieron ahí.

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