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De vuelta… cinco años después

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Por Ulises Toirac ()

La Habana.- Volver a pararse una hora y tanto delante de un público luego de cinco años y… mete miedo. Hay algo de la teoría de la bicicleta: que una vez que aprendes, no se te olvida jamás por mucho tiempo que lleves sin montarte. Pero es un poquito más complicado.

La bicicleta no cambia en un año lo que cambia el público, el criterio de risa, la expectativa… o el país.

Teniendo en cuenta que la última vez que hice un espectáculo de una hora o más, no había sucedido nada de lo que transformó al país a los límites de hoy… ni el covid, ni el reordenamiento, ni la emigración más violenta, ni Murillo, ni Gil, ni el postgrado nacional en energía, ni el 11/J , ni la huelga universitaria, ni las trompás policíacas a Fernández Era… Estoy en otro universo.

La profesión de humorista es atrevida, es desafiante, es disidente por naturaleza. Y no se malinterprete o «mininterprete»:No hablo solo de política, economía o filosofía. Hablo de todo, de moral, de ética, de principios.

El humor es un desacralizador, un zapador con sonrisa. Un tipo que hace reír con lo que puede caerle mal al público. Porque esa es su pincha: que la risa les quite las falsedades a la sociedad.

Y aquí estoy yo, pensando toda esta mierda y dispuesto a hacer reír por sobre todas las cosas: que la gente salga de El Cabildo diciendo «Coño, he largao las tripas».

La hiel va por dentro del comediante. Ese se la traga para que ellos reciban el dulce de la risa.

Más na. Ahora sigo como el loco, ensayando solo y detallando cada cosa para, en el escenario, divertirme viendo divertirse.

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