Enter your email address below and subscribe to our newsletter

De la celebración al silencio

Comparte esta noticia

Lo respetaron como cirujano. Lo ignoraron cuando eligió pensar distinto.

El hombre de la fotografía es el Dr. C. P. Mathew. Durante décadas fue una autoridad médica en la India: profesor, luego director y jefe del Departamento de Cirugía Oncológica del Kottayam Medical College. Formó generaciones de médicos. Operó miles de casos. Su nombre era sinónimo de rigor académico.

Tras jubilarse, lejos de retirarse, fue profesor visitante en más de 50 países. Había llegado a la cima de la medicina convencional.

Y entonces, a los 60 años, hizo algo que nadie esperaba. Decidió desaprender.

Mathew se acercó a un médico tradicional y lo aceptó como su gurú. Estudió formas de sanación ajenas al canon occidental. Integró conocimiento antiguo con su comprensión clínica moderna. Empezó a tratar pacientes con cáncer de una manera distinta, más amplia, más humana, más radical para su tiempo.

Muchos de esos pacientes habían pasado antes por centros de primer nivel, incluida la Clínica Mayo. Algunos no tenían ya opciones. Aun así, bajo su cuidado, mejoraron. Otros sobrevivieron. Para la medicina oficial, aquello era incómodo. Para los pacientes, era esperanza.

Con el tiempo, su búsqueda fue más allá de la medicina.

Aceptó el hinduismo, estudió los Vedas y los Upanishads, y realizó la ceremonia de Upanayana, el rito de iniciación espiritual. No lo hizo como gesto simbólico, sino como culminación de un camino interior.

Cuando falleció, el 20 de octubre de 2021, recibió los últimos ritos según la tradición hindú.

Y entonces ocurrió el silencio. Ningún periódico importante de Kerala publicó su obituario. No por falta de méritos. No por falta de legado. Sino porque había abandonado el cristianismo y había elegido el Sanatan Dharma.

El sistema que antes lo celebró decidió no nombrarlo. La historia del Dr. C. P. Mathew no es solo la de un médico brillante. Es la de alguien que se atrevió a cuestionar lo aprendido, a cruzar fronteras intelectuales, espirituales y culturales, aun sabiendo el precio.

Hay trayectorias que el poder aplaude. Y hay otras que prefiere borrar. Pero el impacto real no desaparece con el silencio.

A veces, la verdadera fuerza de una vida no está en el reconocimiento que recibe, sino en la coherencia con la que se vive hasta el final.

Deja un comentario