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Por Albert Fonse ()
Vancouver.- Me pidieron que le explicara a un canadiense por qué en Cuba hay hambruna y por qué no es correcto atribuirla únicamente a las medidas estadounidenses, como suele presentar parte de la prensa en Canadá.
Lo primero que hay que decir sin adornos es que el país donde más alimentos compra Cuba es Estados Unidos. La ley estadounidense solo prohíbe que instituciones financieras norteamericanas le otorguen crédito al régimen cubano. Con dinero en efectivo pueden comprar lo que sea, incluyendo alimentos y medicinas.
Esa es la realidad del embargo. Si el principal proveedor de comida es Estados Unidos, el problema no es una prohibición externa. El problema es que el sistema económico cubano no genera suficiente producción ni divisas para sostenerse.
Cuba no está aislada del mundo. Comercia con Europa, Asia y América Latina. Si existiera un bloqueo total, esos intercambios no existirían. La narrativa del aislamiento absoluto no resiste análisis.
El problema central es interno. Cuba vive bajo una dictadura totalitaria de partido único que impone un sistema comunista socialista donde el Estado controla la tierra, la producción, los precios y la contratación laboral.
La agricultura está intervenida desde la raíz. La mayoría de las tierras pertenecen al Estado y se entregan en usufructo, no en propiedad real, lo que significa que el campesino no es dueño pleno y puede perderla si no cumple con las imposiciones oficiales.
Muchos productores están obligados a vender una parte significativa de sus cosechas a empresas estatales a precios fijados por el gobierno, incluso cuando esos precios no cubren costos reales de producción. Si un agricultor produce más, no necesariamente gana más. Si quiere vender directamente a hoteles o exportar, no puede hacerlo libremente. El Estado monopoliza la comercialización.
El mismo patrón se repite en otros sectores. Los pescadores no pueden comercializar libremente lo que capturan. Los ganaderos enfrentan restricciones severas incluso para sacrificar su propio ganado sin autorización estatal. Las pequeñas empresas privadas operan bajo límites, impuestos y regulaciones que pueden cambiar arbitrariamente.
No existe un mercado libre donde la oferta y la demanda determinen precios y eficiencia. Cuando la propiedad no es plena, cuando el productor no decide qué sembrar, cuánto cobrar ni a quién vender, la motivación se reduce y la producción cae. Eso no es un eslogan político, es un principio económico básico: sin incentivos claros y seguridad jurídica, no hay inversión ni aumento sostenido de productividad.
El sistema comunista socialista implantado en Cuba no prioriza la eficiencia ni la prosperidad, prioriza el control. Cuando el control es el objetivo principal, la abundancia deja de serlo. El resultado no es casualidad histórica ni mala suerte geográfica. Es escasez estructural y dependencia permanente
La economía cubana además subsiste gracias a Estados Unidos. Vive de las remesas, las recargas telefónicas, las tiendas online y los envíos de paquetes que en aproximadamente un 80 por ciento se gestionan desde territorio estadounidense, porque allí vive la mayor comunidad de exiliados cubanos. Miles murieron lanzándose al mar intentando llegar a ese país, huyendo del comunismo. Estados Unidos los acogió y les dio oportunidades. Desde allí sostienen económicamente a millones de familiares en la isla. Sin ese flujo constante de dinero, la crisis sería mucho más profunda.
Mientras tanto, Canadá impulsa turismo hacia Cuba y mantiene negocios con la dictadura. Por ejemplo en Moa, municipio de Holguín, la empresa Sherritt International paga un salario a los trabajadores en Cuba y a los trabajadores en Canadá les paga otro completamente distinto. Es la misma empresa.
En Alberta los salarios son de mercado y bajo estándares laborales plenos. En Cuba el Estado intermedia, controla el contrato y el trabajador recibe una fracción. Canadá sabe perfectamente que está participando en un esquema donde el trabajador cubano es explotado y aun así mantiene el negocio porque le resulta rentable.
Canadá también permite que en sus mercados se venda café cubano mientras en Cuba el ciudadano común no tiene acceso regular al café. Permite que se comercialicen mariscos cubanos mientras el pueblo pasa hambre y los pescadores cubanos enfrentan restricciones para pescar libremente y comercializar lo que capturan. Exportan lo mejor, el pueblo recibe la escasez. Canadá lo compra, lo vende y obtiene ganancias, mientras el cubano de a pie no puede disfrutar lo que sale de su propia tierra y de su propio mar.
Las sanciones estadounidenses tienen impacto en financiamiento y combustible. Eso es cierto. Pero no explican seis décadas de improductividad en un país con tierra fértil y clima favorable. Cuba despues de 1959 a vivido históricamente como parásito de subsidios externos: primero de la Unión Soviética y luego de Venezuela. Las medidas recientes buscan cortar esa dependencia y forzar una transición real hacia la democracia y la libertad.
La Ley Helms-Burton, conocida como Ley Libertad, establece condiciones concretas para levantar completamente el embargo. Cuba debe liberar a todos los presos políticos, legalizar partidos de oposición, respetar los derechos humanos, permitir libertad de prensa, convocar elecciones libres y justas y aceptar verificación internacional de la transición. Solo cumpliendo esos pasos se contempla la normalización total. Por eso el pueblo cubano, en su gran mayoría, apoya las medidas basadas en esa ley, porque quiere vivir en libertad y democracia, que se acabe la dictadura asesina, que llegue la prosperidad y que termine el hambre.
El contraste es claro. El malo de esta película es Canadá, un país hipócrita que negocia con una dictadura que oprime a un pueblo hambriento mientras su cúpula vive como millonarios. Compra el café que el cubano no puede tomar, vende los mariscos que el cubano no puede comer y financia con turismo a un régimen que reprime. El bueno es Estados Unidos, un país que ha acogido a millones de cubanos que huyeron del comunismo, que sufrió expropiaciones cuando la dictadura confiscó propiedades privadas, y que creó una ley para asegurar que Cuba algún día sea libre, democrática y próspera. No se hace de la vista gorda ante la naturaleza del régimen.
Por eso muchos cubanos apoyamos las medidas firmes de la Administración Trump y no apoyaremos a países que, en nombre de negocios y turismo, sostienen a una dictadura que reprime y empobrece a su propio pueblo.