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Por Albert Fonse (Especial para El Vigía de Cuba)

Vancouver.- Cuba tiene más de 4,000 cayos e islotes, la gran mayoría deshabitados y sin explotar, que pueden convertirse en una fuente inmediata y sostenida de ingresos para el país. No es una idea nueva. Antes de 1959 ya existían concesiones y arrendamientos, incluso en zonas clave como el puerto de La Habana. Hoy es una práctica normal en países como Estados Unidos y Canadá, donde el Estado mantiene la propiedad de la tierra, pero la pone a producir a través de licencias a largo plazo.

El modelo es simple: se otorgan licencias de uso y explotación por períodos de 50 a 100 años. No se venden las tierras, se arriendan bajo condiciones claras. Esto permite atraer inversión extranjera sin perder soberanía sobre el territorio.

Se pueden estructurar de dos formas principales. La primera: un pago inicial fuerte, inmediato, que le dé liquidez al país, acompañado de un período de gracia de hasta 10 años para desarrollar el proyecto. A partir de ahí, se comienza a pagar una renta fija. La segunda: un pago inicial más bajo, pero luego un porcentaje sobre las ganancias del negocio, asegurando ingresos constantes en el tiempo.

Los cayos, una gran oportunidad

El arrendamiento debe hacerse por parcelas de terreno, no entregando cayos completos a una sola entidad. Esto evita concentración de poder y permite diversificar la inversión. Algunos cayos ya tienen infraestructura como aeropuertos o puertos, lo que eleva su valor. Otros parten desde cero y serían más accesibles, incentivando distintos niveles de inversión.

Ahí pueden surgir hoteles, marinas, campos de golf, centros comerciales, ciudades turísticas completas o desarrollos mixtos. Todo dependerá de la visión del inversor. Lo importante es que el país empieza a generar ingresos desde el primer momento con los pagos iniciales, que pueden sumar cientos de miles o millones de dólares por proyecto, y luego mantiene un flujo constante a largo plazo.

Solo en los cayos hay una oportunidad económica masiva, sin tocar todavía la isla principal. Es tierra que hoy no produce nada y que puede convertirse en uno de los motores financieros más fuertes en una transición real.

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