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Por Sergio Barbán Cardero ()
Miami.- A veces los discursos dicen mucho más de lo que aparentan. No por lo que afirman de manera explícita, sino por esos pequeños deslices que ocurren cuando alguien habla y, por un instante, se aparta del guion.
Algo así ocurrió en un fragmento reciente de Miguel Díaz-Canel. En un momento afirma: “en los intercambios que se han sostenido, hemos expresado…”. Pero inmediatamente se detiene, retrocede y corrige: “o sea, la parte cubana ha expresado…”.
La rectificación es breve, casi imperceptible. Pero resulta reveladora.
Cuando dice “hemos expresado”, el verbo sugiere participación directa, como si él mismo hubiese estado presente en esas conversaciones. Sin embargo, al corregirse y decir “o sea, la parte cubana ha expresado”, introduce una distancia evidente: ya no habla como actor del proceso, sino como alguien que simplemente transmite lo que hizo otro.
Es un detalle mínimo, apenas un segundo dentro de un discurso. Pero a veces los detalles mínimos son los que dejan ver la estructura real del poder.
Ver vídeo: (https://www.facebook.com/reel/2930066587186845)
Porque cuando un dirigente pasa del “hemos” al “la parte cubana”, parece deslindarse (aunque sea involuntariamente) de la mesa donde se toman las decisiones.
Y entonces surge una pregunta inevitable: si él solo comunica lo que hizo “la parte cubana”, ¿quién se sienta realmente en esa mesa de negociaciones con Estados Unidos?
A veces una sola palabra basta para revelar lo que un discurso intenta ocultar.
Pero bueno… tampoco se puede pedir mucho más al señor limonada.