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Por Oscar Durán
La Habana.- Nicolás Maduro cumplió un mes preso en Nueva York y las cosas en Cuba no van de mal en peor. El arresto del principal benefactor del castrismo destapó de golpe todas las miserias que el régimen cubano maquillaba con petróleo fiado, promesas huecas y discursos reciclados. Sin el chavismo sosteniendo la bombona de oxígeno, La Habana volvió a mostrar su verdadero rostro: el de un país exhausto, paralizado y sin plan B.
Desde la captura de Maduro, los apagones se han vuelto más largos, más arbitrarios y más crueles. El combustible desapareció casi por completo y ya ni se esfuerzan en disimularlo. Termoeléctricas paradas, transporte colapsado y una economía que funciona a empujones, como un carro viejo cuesta abajo. Venezuela era el último salvavidas, y cuando ese salvavidas se hundió, Cuba quedó flotando a pulmón, tragando agua por todos lados. Las esperanzas del castrismo están puestas en Claudia Sheinbaum, pero las ayudas mexicanas están al caer como castillos de arena.
El impacto en Cuba no ha sido solo energético. También es político y psicológico. El régimen siempre se ha alimentado de aliados ideológicos para vender la idea de resistencia regional. Sin Maduro libre, sin el show bolivariano, el discurso se les cae a pedazos. Ya no hay épica, solo sobrevivencia. Y cuando una dictadura deja de prometer futuro y solo pide aguante, está más cerca del final de lo que quiere admitir.
En la calle se siente. Hay más hastío, más rabia contenida y menos miedo. La gente entiende, aunque no lo diga en voz alta, que Cuba sin Venezuela es un país inviable bajo este modelo. No hay dólares, no hay combustible, no hay comida y no hay paciencia. La narrativa del enemigo externo ya no alcanza cuando el refrigerador está vacío y el ventilador no gira.
Un mes sin Maduro libre ha bastado para desnudar la fragilidad del sistema cubano. No fue Estados Unidos, no fue el embargo, no fue una catástrofe natural. Fue la caída de un aliado clave lo que terminó de empujar a Cuba a un estado aún más crítico. Y lo peor para la dictadura es que esto apenas comienza. Sin Caracas, La Habana está sola. Y sola, no sabe gobernar.