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Combinado Deportivo Canchas del Casino: Un grito de angustia

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Por favor, no pase de largo, estos párrafos le llevarán a tierras de indolencia, donde la ausencia de control, disciplina y respeto creció como la mala hierba. Tal vez usted conozca casos similares, incluso viva cerca o frecuente alguno con similar rostro.

Por Daniel Martínez (Texto y fotos)

La Hababa.- Transitar el Combinado Deportivo Canchas del Casino en el mu­nicipio capitalino del Cerro es adentrarse en la tristeza más absoluta. Su inacabable desconsuelo es como el de un náufrago en su propio y afligido mundo. Allí la ausencia de cerca perimetral y la acumula­ción de basura a sus alrededores anuncian que si hurgas un poco más descubrirás la desidia en estado puro.

Refieren los vecinos que ciertos espacios de la instalación se han convertido en baños informales y plaza de un número de indiscipli­nas sociales que harían sonrojar al más curtido en temas sensibles.

A ello se suma la ausencia de custodios, lo que ha dado pie a ro­bos, incluidos el de las cercas que lo protegían (a plena luz del día), y canibalismo hacia algunos de los equipos del gimnasio biosaludable.

Semejantes desmanes han alejado a un buen número de familias y personas decentes, que empleaban la instalación para el recreo y la sana actividad física.

No son pocos los encuestados que perdieron la fe en que se recu­pere el esplendor de antaño. Varios muy decepcionados, incluso reco­nocen que las actuales estrecheces económicas hacen casi imposible cualquier movimiento de reconstrucción objetivo.

Sobre ¿qué hacer? hay quienes optan por entregar el centro a pri­vados, que garanticen una reparación seria, además de una adminis­tración justa. La idea podría resultar difícil de digerir para quienes todavía se aferran a ciertos lastres, pero ¿no estamos abiertos a otras formas de gestión? En fin, es solo una idea. El tiempo, los decisores y el sentido común deberán encontrar una solución definitiva.

Lo realmente claro e ineludible es que ese centro dejó de cumplir con una parte de su objeto social. Palpar su anatomía decadente es como asistir a un funeral en el que los gritos de sufrimiento estremecen.

Recuperarlo no solo reportará bienestar a la comunidad. También confirmará que aún nos quedan luces de determinación para intentar iluminar algo de esa oscuridad, que nos escolta por estos tiempos. ¿No lo cree?

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