Por Jorge Menéndez ()
Cabrils.- El presidente Miguel Díaz-Canel, instalado en algún paisaje natural —quizás buscando inspiración o simplemente buen aire, algo que en Cuba escasea tanto como el transporte— se dirigió a un grupo de jóvenes. Y, como de costumbre, pareció convencido de que aún lo ven como el líder capaz de sacar al país del atolladero, ese mismo en el que sus políticas lo dejaron atrapado. Nada nuevo: volvió a refugiarse en la Revolución, ese comodín que sirve para todo, desde justificar errores hasta pedir sacrificios ajenos.
Con gran solemnidad, pidió a los jóvenes que combatieran la «colonización cultural» en las redes sociales mostrando su vida diaria, su trabajo, sus emociones y, por supuesto, la «verdad revolucionaria». Una idea brillante: nada combate mejor la colonización cultural que publicar fotos de colas interminables, apagones y estantes vacíos. Autenticidad ante todo.
Cuesta creer que él mismo se crea lo que dice. Porque si los jóvenes mostraran la realidad tal cual, no sería muy distinta de la que publican aquellos que, según él, «desde la vulgaridad» desacreditan la Revolución. La diferencia es que unos lo hacen con malas palabras y otros con fotos de la libreta de abastecimiento.
Un problema cercano, más que Irán
Díaz-Canel parece olvidar pequeños detalles: que en Cuba casi no hay clases, ni transporte, ni comida, ni medicinas. Pero claro, cuando uno no hace colas, no toma guaguas y no depende de una farmacia vacía, es fácil perder la memoria. También pasa por alto que fue él quien condujo al país al estado actual. Sus subordinados siguen anunciando planes económicos que prometen un crecimiento del 1%, como si fuera una hazaña, mientras la economía lleva años cayendo entre un 5% y un 7%. Y mientras la población sobrevive gracias a remesas y donaciones, el gobierno sueña con exportar café, miel y frutas que el cubano promedio solo recuerda por fotos antiguas.
El sacrificio del pueblo cubano, exprimido hasta el límite, ya no da más. Pero el gobierno continúa actuando como si aún quedara algo por exprimir. Quizás no sea el mejor momento para pedirle a una juventud agotada que defienda una Revolución que les dejó hambre y les robó el futuro. Y mucho menos para criticar a quienes envían los dólares que mantienen a flote los proyectos del régimen.
Irán será un problema, sí. Pero Cuba también lo es. Y está aquí, sin necesidad de brújula.
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