Newsletter Subscribe
Enter your email address below and subscribe to our newsletter

Hoy no escribo desde el enojo, ni desde la rabia acumulada, ni siquiera desde la impotencia que tantas veces me ha acompañado al mirar mi realidad y darme cuenta de que no es solo la mía, sino la de casi todos los cubanos.
Hoy escribo desde el cansancio profundo… ese que no se quita durmiendo, porque ya ni dormir se puede.
La vida en Cuba ya venía cuesta abajo y sin frenos, pero ahora la situación no tiene nombre. Y como si no bastaran los problemas de todos los días, llega el tema de la corriente a terminar de desajustarnos la mente y el cuerpo. A veces siento que no vivo en un país, sino dentro de una serie apocalíptica de esas que veía a los 16 años sobre el fin del mundo… solo que esta no se apaga cuando termina el capítulo.
Desde la psicología se habla de estrés crónico, ese que no es un mal rato, sino una sobrecarga constante que agota, irrita, enferma y apaga poco a poco a las personas. Y quienes más lo están cargando son, una vez más, las mujeres cubanas. Mujeres que nunca han tenido descanso real: hijas, madres, esposas, cuidadoras, sostén emocional de la familia y motor de la casa. Antes decíamos en broma que el día debía tener 48 horas para poder con todo… hoy ni con 72 horas con corriente alcanzaría.
Llevamos años viviendo entre apagones, cansancio acumulado y un descanso que nunca llega. Antes, aun con dificultades, al menos existía ese pequeño alivio de cuando la casa estaba en silencio: un ratito de novela, una serie, algo para despejar la mente. Hoy ni eso. Ya ni un desayuno se logra hacer, porque por más que quieras madrugar, el cuerpo ya no responde. El cansancio gana.
En muchas casas el desayuno se volvió refresco instantáneo, aunque sepamos que no alimenta ni el cuerpo ni el alma. El café es un lujo intermitente. El almuerzo se hace como se puede, se come frío, sin la sazón de antes, pero con el mismo amor de siempre, solo para que nuestros hijos y familia no se acuesten sin nada en el estómago. No se come lo que se desea, se come lo que aparece y lo que alcanza según la economía de cada hogar.
La ropa blanca ya no deslumbra, y a veces ni tiempo da para lavar todo. La televisión se convirtió en un juego de imaginación: si empiezas una película, puedes estar segura de que el final no lo verás; y si la corriente llega cuando ya se está acabando, con buena imaginación tú misma inventas el principio. Humor cubano, sí… pero de supervivencia.
Las mujeres emprendedoras, las que dependen de la corriente para trabajar y llevar comida a sus hijos, viven con un obstáculo más sobre los hombros. Planchar ya no es aquella tarea estresante pero llevadera, con música o televisión de fondo. Ahora se plancha lo necesario, rápido, casi con miedo, como si la corriente fuera una visita que se va sin avisar.
Y para rematar, ni descansar podemos. Cortan la corriente de madrugada, varias veces, activando y desactivando el cerebro de todo un país: niños, adultos, ancianos. Entre el calor, los mosquitos y el insomnio, dormir se parece más a sobrevivir que a descansar. ¿Qué descanso real puede tener un niño que va a la escuela al otro día? ¿Un hombre que trabaja duro para mantener su hogar? ¿Una mujer que trabaja fuera y dentro de la casa, con doble o triple jornada?
La vida ya era difícil. Imaginen ahora vivir con solo dos horas de corriente en 24… y a veces ni eso. Días completos, hasta 72 horas sin corriente, sin internet, incomunicados. Eso, psicológicamente, se llama agotamiento extremo y sensación de indefensión. En palabras sencillas: te sientes atrapado, sin salida, al borde de explotar.
Es duro lo que se vive. Cada día pesa más que el anterior. No es cuento, no es exageración, es una pesadilla vivida en carne propia. Y lo más triste es que aún queda gente capaz de justificar lo injustificable.
Y uno se pregunta, con el corazón cansado: ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo viviremos así?
No pedimos lujos. No pedimos excesos. Solo queremos vivir como seres humanos dignos.
Porque esto… esto no es vida.
Dios se apiade de nosotros.
Dios tenga misericordia de todos los cubanos.