¡Bunga, bunga!

Comparte esta noticia

1910. El orgullo naval británico era el HMS Dreadnought, el acorazado más moderno y poderoso de la Royal Navy. Su sola existencia había cambiado la carrera armamentista naval de la época.

Por eso, cuando llegó un telegrama anunciando la visita de un supuesto príncipe de Abisinia (actual Etiopía), los oficiales del barco se prepararon con toda la ceremonia posible.

El mensaje estaba firmado por alguien que parecía completamente legítimo: Charles Hardinge.

La marina organizó una recepción oficial. Guardia de honor. Salvas ceremoniales. Uniformes impecables.

Cuando el grupo llegó al puerto de Weymouth, parecía una delegación real africana acompañada por intérpretes del Ministerio de Asuntos Exteriores.

Los visitantes subieron al barco y recibieron una visita guiada completa del acorazado. Cada vez que veían algo impresionante, exclamaban con entusiasmo: “¡Bunga, bunga!”

Los oficiales asumieron que era una expresión de admiración en su idioma. Pero había un detalle que nadie en la marina sabía. Aquellos dignatarios no eran príncipes. Eran estudiantes de University of Cambridge disfrazados.

El plan había sido organizado por el bromista aristócrata Horace de Vere Cole. Entre los participantes estaba el joven Adrian Stephen, que fingía ser intérprete.

Y también una mujer disfrazada con barba postiza. Se llamaba Virginia Woolf. En aquel momento aún era conocida como Virginia Stephen y nadie imaginaba que se convertiría en una de las escritoras más importantes del siglo XX.

Momentos tensos

Durante la visita hubo momentos tensos. En un punto, Adrian Stephen reconoció a un oficial que era amigo de su familia. Por suerte, el maquillaje y los disfraces evitaron que los descubrieran.

Los oficiales incluso ofrecieron un almuerzo oficial a los “príncipes”. Los impostores rechazaron la invitación, alegando que la realeza solo podía comer comida preparada de una manera especial. En realidad, temían que el maquillaje comenzara a correrse.

Después regresaron a Londres. Y allí ocurrió el golpe final. Horace Cole envió una fotografía del grupo disfrazado al periódico Daily Mirror, revelando toda la broma.

La noticia se convirtió en un escándalo nacional. La poderosa Royal Navy había recibido con honores a un grupo de estudiantes disfrazados. Durante semanas, marineros y oficiales fueron objeto de burlas en todo el país. En las calles, la gente les gritaba: “¡Bunga, bunga!”

La marina consideró tomar acciones legales, pero decidió no hacerlo para evitar que la historia recibiera aún más atención.

La anécdota aún tendría un pequeño epílogo. En 1914, al inicio de la Primera Guerra Mundial, el HMS Dreadnought logró hundir un submarino alemán. Entre los muchos telegramas de felicitación que recibió el barco, hubo uno muy breve.

Solo decía dos palabras: “Bunga, bunga.”

Deja un comentario