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¡Otra vez la misma cantaleta! Cuba, la isla que se ahoga en su propia miseria, celebra la llegada de 15,600 toneladas de arroz, cortesía de la República Popular China. ¿Un acto de hermandad? ¡Por favor! Es la misma limosna que perpetúa la dictadura y mantiene al cubano de a pie mendigando por un plato de comida.
La ministra de Comercio Interior, Betsy Díaz Velázquez, con esa sonrisa forzada que le caracteriza, agradece al gigante asiático por un donativo que, según ella, llega en un «momento muy oportuno». ¡Oportuno para quién! ¿Para el régimen que se atrinchera en el poder mientras el pueblo se desangra? ¿Oportuno para seguir culpando a los Estados Unidos de todos sus desastres?
La realidad es cruda y no se disfraza con discursos de solidaridad. Cuba no necesita 90 mil toneladas de arroz, ni 900 mil. Lo que necesita es libertad. Necesita que le devuelvan el derecho a producir, a emprender, a ser dueño de su trabajo y de su futuro. Necesita un mercado libre, no un mercado negro controlado por los mismos que hoy se pavonean con la caridad ajena.
Mientras los jerarcas del régimen se reparten las migajas de la ayuda internacional, el cubano de a pie sigue contando los granos de arroz, soñando con un país donde la iniciativa privada no sea un delito y la propiedad no sea un espejismo. La dependencia de estas «donaciones» es la cadena que ata a Cuba a un modelo fracasado, un modelo comunista que ha demostrado ser un pozo sin fondo de escasez, pobreza y emigración masiva.
El embajador chino, Hua Xin, habla de «vínculos de hermandad» y «apoyo al camino socialista». ¡Qué ironía! La «amistad especial» de China se traduce en mantener a flote una dictadura que ahoga a su pueblo. Mientras el mundo avanza, Cuba sigue anclada en el pasado, mendigando arroz y dignidad.
¿Hasta cuándo vamos a seguir con este circo? ¿Hasta cuándo el pueblo cubano va a tragar esta propaganda barata? Cuba no necesita caridad política. Necesita derechos, necesita libertad, necesita que se acabe la dictadura de una vez por todas. El arroz de China puede llenar estómagos por un día, pero solo la libertad llenará de esperanza el futuro de Cuba.