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Por Jorge Sotero ()

La Habana.- Con luz propia se llama la brigada de jóvenes de la UJC que, en un país donde el combustible escasea como el agua en el desierto, se gastará lo poco que hay para recorrer casa por casa, empresa por empresa, a explicar lo que ya todos sabemos: que el bloqueo es el culpable de los apagones, de la transición forzada a los paneles solares, y de que llevemos tres años seguidos sin saber lo que es tener corriente estable.

O sea, una delegación que gasta lo que no tiene para decirnos que no tenemos porque ellos no nos dejan tener. Bonito círculo, ¿verdad?

Pero déjame decirte algo: un despliegue así, en la Cuba de hoy, no puede salir más que de una dirección estatal que ya no sabe qué inventar, que confunde la agitación con la solución, y que prefiere mandar muchachos a tocar puertas antes que sentarse a resolver el problema de fondo.

Es tiempo perdido, es combustible regalado a los cuatro vientos, es la misma receta de siempre: si no hay luz, pues hacemos campaña; si hay hambre, hacemos declaraciones; si todo se hunde, hacemos juventud. Y mientras tanto, los apagones siguen ahí, tozudos, pasándose de las treinta horas sin que nadie les pida permiso.

A campaña por crisis

Y ahora resulta que también nos piden la “desconexión voluntaria de La Habana” para regular la frecuencia. ¿Desconexión voluntaria? Pero si lo que hay es desconexión forzada, involuntaria, obligatoria, las veinticuatro horas del día.

Esto me recuerda a aquellas famosas “Patrullas Click” de los años 70, cuando nos pedían apagar las luces que no hacían falta. Cincuenta años después, la cosa ha cambiado de una manera curiosa: antes había que apagarlas, ahora directamente no hay luces que apagar. Es el progreso, compañero, el socialismo del siglo XXI.

Porque esto es lo que hay: un aparato comunicacional que convierte cada crisis en una campaña, cada apagón en un comunicado, cada escasez en una batalla ideológica. Sustituyen soluciones por consignas, ingenieros por propagandistas, y electricidad por discursos.

Y así nos va, con la nevera vacía, el ventilador quieto y el vecino fundiendo un televisor que no enciende porque no hay con qué. Pero tranquilos, que los muchachos de Con luz propia van a explicarlo todo muy bien. Eso sí, que no se les acabe la gasolina antes de llegar a la primera esquina.

¿Vocero de mi sufrimiento?

Esto, mis queridos lectores, es la gestión del señor Díaz-Canel, el mismo que ha dicho, con esa cara de circunstancias que le conocemos, que si el pueblo se lo pide, él se va. Pero la pregunta que yo me hago es: ¿qué ha hecho este hombre para que el pueblo se lo pida? Porque normalmente la gente pide que se vaya alguien cuando tiene motivos, cuando las cosas funcionan mal, cuando hay corrupción, apagones, hambre y desastre. O sea, justo lo que tenemos. Pero el señor presidente parece esperar que el pueblo se lo pida por escrito, con sello notarial y tres copias.

El colmo del absurdo es que hemos llegado al punto de pedirle a la población que explique y justifique su propia precariedad. Que los ciudadanos se conviertan en voceros de su propio sufrimiento. Y mientras tanto, el país se hunde en esa precariedad, con una dirección que no sabe o no quiere cambiar el rumbo.

Pero no importa, porque los jóvenes de la UJC están en la calle, con su “luz propia”, gastando lo que no tienen para explicarnos que no tenemos porque ellos no nos dejan tener. Y así, entre campaña y campaña, Cuba seguirá a oscuras. Con luz propia, sí, pero ajena.

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