Por Esteban Fernández-Roig
Miami.- Lo vengo diciendo desde hace 10 años, lo he repetido mil veces, hasta creo haber sido el primero en advertirlo. Esta no es una opinión. A esto póngale el cuño: mientras Fidel Castro procreó una claque de chulampines y vagos, Raúl se ha esmerado casi desde su nacimiento, el 29 de julio de 1965, en la creación del futuro tirano.
Se los aseguro: este es el siguiente monstruo. La mentalidad de Fidel Castro siempre fue «después de mí, el diluvio»; la de su medio hermano es preservar el castrismo eternamente.
Y no se pueden desdorar a las esposas, porque todo el mundo sabe la influencia que tienen las mujeres sobre sus esposos. Mientras Dalia Soto del Valle siempre ha actuado como una gallina clueca cuidando a sus pollitos y tratando de alejarlos de la política, Vilma Espín era tan o más perversa que su marido y cooperó extraordinariamente en la formación de su retoño como un consumado esbirro.
Desde el mismo instante en que Raúl Castro declaró que estaría solamente cinco años en el poder, fue fácil deducir que él ya estaba preparando, y tenía casi listo, a su sustituto. En el camino, Alejandro ha cometido cien pifias, pero Raúl lo protege vehementemente. Todo el que ha conocido a Alejandro Castro Espín lo tiene en el peor de los conceptos. Es pesado, agresivo y engreído desde que era un muchachito.
Mientras los hijos de Fidel y Dalia andan de bacanales en bacanales, de fotógrafos, jugando golf y ligando jebas, a Alejandro lo han tenido estudiando, escribiendo libros, constantemente practicando la oratoria y cuidándolo como un gallo fino listo para la pelea. Al mismo tiempo, lo colocaron en el Ministerio del Interior, le pusieron los grados de coronel (creo que ya es general) y perdió un ojo en un accidente en África. Todo esto buscando la aceptación futura de los altos jefes militares. Y, muy importante: antes de morir, Fidel Castro le dio el visto bueno.
Si usted ve los croquis y esquemas del Partido Comunista, del Consejo de Ministros y del Poder Popular, su nombre está al lado del de su padre y por encima de todos los demás miembros. Cuando le da la gana, le tira los pantalones a Díaz-Canel.
Creo firmemente que es más acomplejado que su padre. Y esto es mucho decir. Y aunque a los cubanos, aquí y allá, les dirán que tiene las manos limpias de asesinatos, estoy convencido de que está dispuesto a hacer correr ríos de sangre, si fuera necesario, para mantener el poder heredado. Junto a él regresa Ramiro y el paredón de fusilamientos.
Para despistar, han puesto a un anodino llamado Miguel Díaz-Canel como si fuera el segundo hombre al mando de Cuba. Eso es una coña, una burla a la inteligencia hasta del más bruto. Pero engañan a algunos, y ayer precisamente leía que «Díaz-Canel sería el Gorbachov de Cuba», cuando la realidad es que será el sexto purgado después de Carlos Aldana, Roberto Robaina, Carlos Lage, Felipe Pérez Roque y Carlos Valenciaga.
Hoy en día, Alejandro Castro es el terror de todos los miembros de la nomenclatura cubana. Desde el más encumbrado general hasta el presidente del Parlamento, Esteban Lazo, les tiemblan las piernas con solo imaginar que dentro de unos minutos estarán en presencia de este tipejo acompañado de su «alter ego», Senén Casas júnior .por cierto, el esposo de Ana Hurtado, la españolita comunista que se mudó a La Habana.
Desde hace rato, y eso es parte del maquiavélico plan para preservar el poder eternamente y los privilegios de los raulistas, han ido minando al exilio cubano para que el día de mañana se reciba ecuánimemente, y quizás con muestras de alegría, la llegada al poder de este perverso y terrible Frankenstein.
La primera dama de Cuba, desde luego, será Mariela, ocupando el lugar que dejó vacío su madre. Los herederos de Fidel, que siempre han despreciado al primo Alejandro y ni les han permitido la entrada en Punto Cero, se tendrán que ir a freír espárragos y a disfrutar de sus fortunas en el extranjero. O, como hacen ahora, besarles las botas a Alejandro.
Esta es la gran verdad, este es el futuro, y los que queremos una Cuba libre y soberana no nos queda más remedio que estar claros, no dejarnos dar ni gato ni liebre y luchar con todo lo que esté a nuestro alcance para evitar la llegada del tercer tirano.
Durante esta semana los gritos fueron de «Abajo Díaz-Canel», pero todavía no saben que el tirano es Alejandro.
Post Views: 7