El sufrimiento de los cubanos ya no admite negación

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Por Hilda Landrove

Ciudad de México.- Pareciera que ha llegado el momento en que el sufrimiento cubano es reconocido. Durante mucho tiempo -demasiado- las penurias cotidianas, las familias rotas, el desarraigo interminable, las muertes sin despedida, las mazmorras incluso; todo eso, fue visto por muchos como manifestación de la persistencia inquebrantable de un pueblo en construir una revolución a 90 millas del imperio.

Hoy, esa criatura heroica lista para el sacrificio y la expiación, que sufría estoicamente para que la luz de la utopía se mantuviera intacta (para otros), ha ocupado finalmente el centro de los titulares. Casi nadie discute hoy si en Cuba se sufre o no; casi nadie se atreve ya a negar que vivir sin electricidad, sin agua, sin comida, y de paso sin esperanza ni horizonte alguno, no es realmente vivir.

Se podría pensar que ese reconocimiento se debe a la agudización del sufrimiento mismo; que en algún punto el sufrimiento se vuelve tan intenso que es ya imposible desconocerlo. Pero la victoria final de la negación de ese reconocimiento, la victoria de ese “nadie escuchaba” que se ha vuelto la marca indeleble de la tragedia cubana, es que el sufrimiento solo puede ser reconocido cuando su causa puede ponerse en otro lugar y ser completamente desplazada.

No se discute hoy que los cubanos sufran; eso es ya aceptable. Se discute más bien quién es el responsable de su sufrimiento: Si el responsable es el bloqueo y el imperio, es sufrimiento; si es el régimen dictatorial, es resistencia heroica.

Pero los conceptos que describen esa misma responsabilidad -castigo colectivo, genocidio, campo de concentración- son también los que los cubanos usan para referirse a la responsabilidad de un régimen que, frente a la evidencia de su absoluta pérdida de legitimidad y su incapacidad de sostener un país de otra forma que no sea imponiéndose por la fuerza, se niega a aceptar su propio fin.

Las medidas de presión de Estados Unidos pueden ser cuestionadas por variadas razones, pero nunca sobre la suposición falsa de que hay un pueblo heroico resistiendo para defender la revolución y el socialismo.

Lo que hay es un pueblo en rebeldía gritando todos los días “Abajo la dictadura” y quemando basureros y símbolos del poder y su ideología. Pidiendo el fin de su agonía, incluso a Trump, mientras asumen por sí mismos la responsabilidad de sacudirse de encima una dictadura insoportable.

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