El testigo que el capitán no esperaba

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Por Rafa Junco ()

Durante tres días, Julian Harvey fue el único superviviente del naufragio del Bluebelle. Había perdido a su esposa y a toda la familia Duperrault. Una tormenta, dijo. Un incendio, explicó. El barco se hundió y él, con su bote auxiliar, logró salvarse junto al cuerpo sin vida de la pequeña René. La historia era trágica, pero coherente. Entonces apareció una niña sobre una pequeña plataforma de corcho. Y todo su relato se desmoronó.

Terry Jo Duperrault tenía once años. La noche del naufragio, despertó con los gritos de su hermano. Encontró a su madre y a su hermano muertos en la cabina. Harvey la obligó a bajar, pero el agua y el combustible empezaron a invadir el camarote. Cuando subió, el barco se hundía y el capitán estaba en el bote auxiliar. Le pidió que sujetara una cuerda. La cuerda se le escapó. Harvey se lanzó al agua para recuperarla y nunca volvió por ella.

El flotador naranja

La niña recordó que había un flotador de corcho en cubierta. Lo lanzó al mar y nadó hasta alcanzarlo. Se subió a aquel rectángulo de apenas un metro y medio y se quedó allí, sin techo, sin agua, sin comida, bajo el sol del Caribe. Durante tres días y medio. Su única compañía fue el mar, que no le dio tregua, y el calor, que no le dio sombra.

Mientras Harvey repetía su mentira ante la Guardia Costera, Terry Jo flotaba a la deriva. Hasta que un carguero griego divisó un bulto blanco entre las olas. Era ella, deshidratada, quemada, casi sin fuerzas. Los marineros la subieron a bordo y su foto dio la vuelta al mundo. Cuando Harvey supo que la niña había sobrevivido, supo que ya no era el único testigo. Se encerró en un hotel y se quitó la vida. Nunca fue juzgado.

La investigación concluyó que Harvey había matado a su esposa y a la familia Duperrault para cobrar un seguro de vida. La pequeña Terry Jo, que había visto todo, fue su verdugo sin quererlo. Pero su supervivencia también cambió algo: su flotador, casi invisible, era blanco. La Guardia Costera ordenó que a partir de entonces fueran naranja, para que ningún otro superviviente pasara desapercibido. La niña que sobrevivió al océano no solo desmintió a un asesino. También ayudó a que los que vinieran después fueran más fáciles de encontrar.

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