
La Upec celebra 63 años de mentira
Por Jorge Sotero
La Habana.- Hay que reconocerle algo a la Unión de Periodistas de Cuba: el optimismo no se les acaba jamás. En un país donde escasea la electricidad, el combustible, los medicamentos y hasta el café, ellos todavía encuentran motivos para celebrar. No cualquier cosa, además. Festejan 63 años de una organización que asegura tener «cabeza para pensar la verdad, boca para decirla y corazón para defenderla». Lo único que olvidaron mencionar fue el espejo. Porque si de verdad dijeran toda la verdad, hace rato la mayoría de sus afiliados estaría escribiendo desde la calle… o desde una celda.
El editorial es una joya de la literatura oficialista. Hablan de «Cuba libre» con la misma naturalidad con la que un vendedor de hielo hablaría del Polo Norte. Dicen que la patria entera es la sede de la UPEC, aunque miles de periodistas independientes no pueden ejercer su profesión sin sufrir vigilancia, amenazas o exilio. La ironía es brutal: una organización que presume de representar al periodismo nacional mientras ignora deliberadamente a quienes más caro han pagado por ejercer ese oficio.
No falta tampoco el viejo repertorio de enemigos imaginarios. Que si el «Imperio», que si los «portaviones mediáticos», que si el «cuarto Reich», que si las «Donalds News». Da la impresión de que en Cuba no existen apagones de más de doce horas, salarios pulverizados ni hospitales en ruinas. Todo parece reducirse a una conspiración internacional perfectamente coordinada para desacreditar a un gobierno que lleva más de seis décadas administrando su propia crisis. Resulta más fácil inventar enemigos externos que explicar por qué el cubano tiene que hacer una cola de cinco horas para comprar un cartón de huevos.
Quizás el párrafo más simpático sea ese donde afirman que la prensa debe actuar como «contrapeso» y ejercer «control social y popular». Uno relee la frase varias veces por si entendió mal. ¿Contrapeso de quién? ¿Del mismo poder al que jamás contradicen?
La UPEC cierra asegurando que «Cuba cuenta con nosotros». En eso tienen razón. El Gobierno cuenta con ellos para justificar lo injustificable, adornar las estadísticas incómodas y convertir cada fracaso en una victoria estratégica.
El pueblo, en cambio, hace tiempo dejó de contar con esa prensa. Prefiere enterarse por un vecino, por las redes sociales o por cualquier medio independiente antes que esperar a que un periódico oficial publique, tres días después, que hubo un apagón que todos sufrieron en carne propia.
Celebrar 63 años de periodismo sin libertad no parece una efeméride; parece un récord mundial de obediencia.






