Comparte esta noticia

Por Anette Espinosa

Camagüey.- En Cuba hay edificios que ya no sostienen paredes; sostienen milagros. En el reparto Torre Blanca, de la ciudad de Camagüey, decenas de familias llevan más de cuatro años viviendo bajo la amenaza permanente de un derrumbe, denuncia el el periodista independiente José Luis Tan Estrada.

Los inmuebles, ubicados en la calle Unión Segunda, presentan un deterioro tan avanzado que cada grieta parece una cuenta regresiva hacia una tragedia anunciada. Lo más doloroso es que entre los residentes hay varios niños, obligados a crecer en un lugar donde el techo puede convertirse en su peor enemigo, afirma Tan Estrada.

Los vecinos aseguran que han acudido una y otra vez a las autoridades, al Gobierno Provincial y a cuantas oficinas les han indicado. Han entregado denuncias, explicado la gravedad del problema y pedido una solución antes de que sea demasiado tarde.

La respuesta de la dictadura ha sido la de siempre: silencio, promesas vacías y una burocracia incapaz de resolver hasta los problemas más elementales de la población.

Lo indignante no es solo el estado de los edificios, sino la absoluta indiferencia del régimen. Mientras Miguel Díaz-Canel recorre el mundo hablando de resistencia y soberanía, hay familias cubanas que se acuestan sin saber si despertarán bajo los escombros. Para el gobierno siempre hay dinero para la propaganda, para hoteles vacíos o para sostener el aparato represivo; pero nunca para garantizar una vivienda digna a quienes sobreviven en condiciones infrahumanas.

La historia demuestra que la dictadura solo actúa cuando ocurre la desgracia. Entonces aparecen las cámaras de la televisión oficial, los funcionarios con cascos de construcción y los discursos cargados de promesas que jamás se cumplen. Después del luto, todo vuelve a la normalidad: el abandono, la desidia y el olvido. Esa ha sido la fórmula durante más de seis décadas.

Los vecinos de Torre Blanca no están pidiendo privilegios. Están exigiendo el derecho más básico: seguir con vida. No quieren homenajes póstumos, ni minutos de silencio, ni declaraciones de condolencias cuando el edificio se venga abajo. Quieren que el Estado haga aquello para lo que dice existir: proteger a su pueblo. Pero mientras Cuba continúe gobernada por una dictadura experta en fabricar ruinas y vender discursos, el miedo seguirá viviendo dentro de esas paredes agrietadas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Lo más consultado hoy