VLNY: El homenaje al periodismo que recuerda porqué la izquierda es aberrante

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Por Carlos Carballido

Dallas.- Como periodista cubano que vivió desde dentro el terror informativo y la censura, la película VLNY (conocida también como Voces de libertad o Waves) me conmovió profundamente.

Dirigida por Jiří Mádl en 2024, reconstruye con rigor los hechos de la Primavera de Praga y la invasión represiva del Pacto de Varsovia en agosto de 1968. No es un relato romántico: es un thriller que muestra cómo un grupo de periodistas intentó ejercer su oficio con honestidad en un sistema que no lo permitía.

VLNY es el testimonio vivo que desmonta esa falsa idea romántica del izquierdismo que pretenden edulcorar las nuevas generaciones, las universidades y todo esos que siguen culpando a quien no profesa esa ideología como lo peor del Universo.

La trama sigue a Tomáš Havlík, un joven técnico de sonido que entra a trabajar en la redacción de “Vida Internacional” de la Radio Checoslovaca, dirigida por Milan Weiner. Allí se integra a un equipo que, bajo la breve apertura del presidente checoslovaco, Alexander Dubček y su “socialismo con rostro humano”, busca transmitir información veraz, lejos de la propaganda estatal.

El film retrata el choque cotidiano en países izquierdistas de Europa del Este (extrapolado también a Cuba) que nadie quiere recordar: vigilancia de la policía secreta (StB), presiones, dilemas morales y el momento en que los tanques soviéticos entran para aplastar cualquier reforma.

Los periodistas de esa emisora no solo cumplieron su compromiso sacerdotal de romper con la propaganda comunista, sino la de denunciar los desmanes que arriesgan todo para mantener emisiones sin censura y llamar a la resistencia pasiva. Tomáš, mientras tanto, se debate entre proteger a su hermano menor y su propia conciencia, pero pudo más lo segundo.

!968 y lo que ocurrió antes

La invasión soviética y del Pacto de Varsovia tuvo un costo humano concreto. Según datos del Instituto para el Estudio de los Regímenes Totalitarios de la República Checa, murieron 137 checos y eslovacos, y unos 500 resultaron heridos graves. La mayoría de las víctimas cayeron en los primeros días, especialmente frente al edificio de la Radio Checoslovaca en Praga, donde la multitud desarmada intentaba proteger las emisiones. No hubo resistencia militar organizada: Dubček ordenó no combatir.

La película no se limita a 1968. En un momento menciona cifras elevadas del terror acumulado bajo el régimen comunista desde 1948: alrededor de 1.300.000 presos políticos y 5.800 ejecuciones.

Las cifras verificadas del mismo instituto son más precisas y siguen siendo demoledoras: más de 257.000 personas condenadas por tribunales (hasta 267.000 si se incluyen los militares), 248 ejecutados por motivos políticos, alrededor de 4.500 muertos en prisiones y campos de trabajo (estimaciones superiores llegan a 8.000), y entre 266 y 400 fallecidos al intentar cruzar la frontera. A esto se suman cientos de miles de exiliados, purgas laborales, batallones de trabajo forzoso y vigilancia constante. El terror no siempre mataba con balas; bastaba con encarcelar, despedir y silenciar para que el resto se autocensurara.

VLNY no presenta el fracaso de 1968 como un accidente o una traición externa. Muestra la lógica interna del socialismo real: cualquier apertura que amenace el monopolio del partido único sobre el poder y la información es vista como peligro existencial y se aplasta con tanques.

Checoslovaquia era uno de los países más industrializados de Europa del Este antes de 1948. Tras la colectivización, la planificación central y la censura, cayó en estancamiento. La Primavera de Praga surgió precisamente por ese fracaso. El régimen respondió con fuerza bruta.

El paralelismo con Cuba

Para quien ha trabajado bajo control estatal total de radio, televisión y prensa, el paralelismo con Cuba es directo. El terror informativo no es un error corregible; es el mecanismo de supervivencia del sistema. La película rinde homenaje a los periodistas que, en circunstancias extremas, priorizaron la verdad sobre la obediencia. Por eso VLNY no solo revive un episodio histórico: recuerda por qué el socialismo, en su práctica real, resulta aberrante. No por falta de “rostro humano”, sino porque su estructura exige controlar la información y eliminar cualquier disidencia real.

El film cierra sin triunfalismo falso. La escena final es emblemática: Una estufa, el rostro del joven hermano y un pedazo de leña que aviva el fuego casi extinto. Un mensaje que se cumplió con la caída del Muro de Berlín para abrir todas esas sociedades a por lo menos la libertad individual.

El film que ha recibido numerosos premios y recibió una ovación el día de su estreno, muestra que la batalla por la libertad no termina con tanques en la calle, sino en las decisiones diarias de cada persona bajo el yugo comunista, socialista o como le quiera llamar.

Para un periodista cubano, esa lección duele y fortalece al mismo tiempo. Duele porque venimos de una generación que vivió en carne propia semejante aberración histórica que edulcoran con el nombre de Socialismo. Y vemos con dolor como las nuevas generaciones luchan para devolverlo sin entender que un día después de consumado, ya será demasiado tarde.

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