
Lars Ulrich, el batería que se plantó ante Napster (y le salió el tiro por la culata)
Por Rafa Junco ()
Madrid.- Julio del 2000. Lars Ulrich deja de ser el batería de Metallica. Se convierte, para medio mundo, en el tío que fue al Senado de Estados Unidos a señalar con el dedo a los piratas digitales.
El 11 de julio compareció ante el Comité Judicial. Y allí, sin anestesia, soltó que Napster había «secuestrado» la música de su banda. Que la gente se la descargaba gratis. Sin permiso. Y a él, sinceramente, eso le sentaba como un golpe en la nuca.
Pero lo gordo no fue el discurso. Lo gordo llegó semanas antes. Metallica le había entregado a Napster una lista con 335.435 nombres. Sí, has leído bien. Usuarios y usuarias que, según ellos, estaban compartiendo sus canciones a lo bestia. Napster, ni corto ni perezoso, bloqueó más de 300.000 cuentas. Y Ulrich, de héroe del metal, pasó a ser para toda una generación el rockero chivato que delató a sus propios fans.
Lo que hizo tan enorme aquel momento no fue el número. Fue el choque de trenes. Dos mundos que no se querían ni ver. De un lado, músicos viendo cómo su trabajo volaba sin control. Del otro, millones de usuarios convencidos de que internet había llegado para quedarse y que nadie, ni Lars con las baquetas, iba a cerrar el grifo.
Y Ulrich, oye, decidió plantarse en medio. Sin casco, sin red y con la lengua fuera. Desde entonces, su nombre va de la mano de uno de los momentos más tensos, más impopulares y más decisivos de la música digital. Porque él quiso ser el malo de la película. Y vaya si lo consiguió.



