
¡El patricio que por orgullo dejó matar a ochenta mil romanos y encima robó el tesoro sagrado!
Por Rafa Junco ()
Madrid.- ¡Servilio Cepión! ¿Saben quién fue este desgraciado? Pues el hombre cuya arrogancia y codicia le costaron a Roma la mayor masacre militar de toda la República. Y no es cuento, no. Ocurrió en el año 105 antes de Cristo, durante la guerra contra aquellas bestias rubias que llamaban cimbrios y teutones. Cepión, que era de esos patricios que miraban por encima del hombro, se negó a cooperar con su jefe, el cónsul Malio Máximo.
¿Y por qué? ¡Por una tontería! Porque Malio era un «hombre nuevo», sin abolengo, sin apellido con pedigree. Así que por puro orgullo de clase, dividió las fuerzas romanas en la Batalla de Arausio. Y el resultado fue una carnicería: más de ochenta mil soldados romanos murieron allí. Ochenta mil, señores. Una cifra que hiela la sangre.
Pero esperen, que esto no acaba aquí. Porque el tal Cepión no solo fue un incompetente soberbio, sino también un ladrón de cuidado. Años antes, había saqueado nada menos que el tesoro sagrado de Tolosa, una cantidad inmensa de oro y plata que desapareció misteriosamente mientras la transportaban a Roma. ¿Casualidad? ¿Qué va a ser casualidad! Se rumoreaba que el propio general había organizado un asalto falso para quedarse con el botín. ¡Vaya forma de engordar la cuenta corriente!
Y claro, el pueblo romano, que ya estaba ardiendo por la pérdida de sus hijos en Arausio, se enteró de lo del tesoro y montó en cólera. Le quitaron la ciudadanía, le confiscaron los bienes y lo mandaron al exilio. ¡Fuera de aquí, sinvergüenza! Su nombre se convirtió en sinónimo de desgracia y maldición. Hasta los niños escupían al oírlo.
La soberbia, el peor enemigo
¿Y qué aprendemos de todo esto? Pues que la soberbia es el peor enemigo de un líder, mucho más peligrosa que cualquier ejército rival. Porque el ejército rival se ve venir, pero la soberbia te ciega, te parte por la mitad y te lleva al desastre. La caída de Servilio Cepión es una lección brutal sobre cómo el desprecio por los demás y la avaricia personal pueden destruir naciones enteras. Tanto que la derrota de Arausio fue tan traumática que obligó a Roma a reformar su sistema militar bajo Cayo Mario. ¡Si hasta los generales honestos tuvieron que cambiar los planes por culpa de este inepto!
Así que ya saben, lean historia, que la historia no es solo fechas y nombres. Es la crónica de los que la cagaron con mayúsculas. Y Cepión, queridos amigos, es uno de los campeones. Dejen aquí su comentario sobre este polémico general romano. ¿Fue un traidor o solo un cretino con mala suerte? ¡Yo lo tengo claro! Cuéntenme ustedes.



