Por Jorge Sotero
Matanzas.- Las autoridades sanitarias de la provincia de Matanzas han confirmado la aparición de casos aislados de hepatitis en la mayoría de los municipios, así como brotes localizados en comunidades específicas. Aunque el discurso oficial intenta minimizar la gravedad de la situación, lo cierto es que la presencia de esta enfermedad vuelve a poner en evidencia las profundas deficiencias sanitarias que persisten en el país bajo la administración de la dictadura cubana.
El foco más preocupante se encuentra en el barrio de Versalles, donde se han detectado al menos 18 casos en áreas comprendidas entre la farmacia de Plácido y el río Yumurí, incluyendo sectores del reparto Americano y zonas cercanas a la escuela Ernest Thaelman.
Según explicó el doctor Andrés Lamas Acevedo, director del Centro Provincial de Higiene, Epidemiología y Microbiología, las autoridades sanitarias trabajan para cortar la transmisión. Sin embargo, el hecho de que brotes de hepatitis aparezcan en barrios enteros refleja el deterioro acumulado en los sistemas de saneamiento, agua potable y recogida de basura, problemas que el régimen lleva décadas prometiendo resolver.
Otros focos se han detectado en las localidades de Pálpite y Cidra, donde las autoridades aseguran que los brotes están cerca de cerrarse tras varias semanas sin nuevos casos. Mientras tanto, en el barrio de La Marina, Cárdenas, se han contabilizado al menos siete contagios.
En cualquier sistema sanitario eficiente, la aparición de brotes de enfermedades transmitidas por agua o alimentos contaminados encendería todas las alarmas; en Cuba, en cambio, se repite el patrón de siempre: reconocer el problema cuando ya está presente y tratar de controlarlo en medio de enormes limitaciones estructurales.
Las autoridades han insistido en la necesidad de reforzar la higiene personal y colectiva, hervir y clorar el agua, proteger los alimentos y mejorar la recogida de desechos sólidos. Pero esa insistencia resulta casi irónica en un país donde el acceso al agua potable es irregular, los sistemas de alcantarillado están deteriorados y la basura permanece durante días en las calles.
El propio gobierno reconoce que la hepatitis A se transmite por vía fecal-oral, principalmente a través del consumo de agua o alimentos contaminados, lo cual deja en evidencia que el problema no es solo médico, sino también resultado directo del abandono de los servicios básicos.
La hepatitis es una enfermedad que provoca inflamación del hígado y puede manifestarse con síntomas como fatiga, coloración amarillenta de la piel, náuseas o dolor abdominal, aunque en algunos casos puede pasar desapercibida.
Sin embargo, más allá del aspecto clínico, el surgimiento de estos brotes vuelve a revelar el deterioro progresivo de las condiciones sanitarias en la isla. Mientras la dictadura continúa vendiendo al mundo la imagen de una “potencia médica”, los cubanos enfrentan brotes de enfermedades prevenibles en barrios donde el agua contaminada, la basura acumulada y la falta de infraestructura básica siguen siendo parte de la vida cotidiana.
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