Clodio Albino fue el hombre que pudo haber cambiado el destino de Roma, pero cuya memoria fue borrada por los vencedores.
Gobernador de Britania y aclamado por sus legiones, Albino representaba a la aristocracia tradicional frente al ascenso del pragmatismo militar de Septimio Severo.
En la gigantesca batalla de Lugdunum, donde se enfrentaron más de cien mil soldados, Albino estuvo a punto de ganar, pero la fortuna le dio la espalda en el último momento.
Tras su derrota y muerte en el año 197, su cuerpo fue humillado y su nombre sometido a la Damnatio Memoriae, el intento oficial de borrarlo de la historia.
Albino no era un simple rebelde; era un hombre respetado por el Senado que buscaba un retorno a la estabilidad institucional.
Su fracaso consolidó una monarquía militar que eventualmente llevaría al Imperio a una de sus crisis más profundas.
Fue el último suspiro de la vieja política romana frente a la fuerza bruta.
La historia la escriben los que ganan, y por eso hoy apenas recordamos a este rival de Septimio Severo. Sin embargo, su lucha refleja las tensiones de un imperio que empezaba a devorarse a sí mismo por la ambición de sus generales.
¿Qué crees que habría pasado si Clodio Albino hubiera ganado esa batalla final?
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