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Por Pedro Monreal (El Estado como tal)
La Habana.- Se habla de parálisis económica por el cerco de combustibles, crece el sufrimiento por la crisis humanitaria y se especula sobre el momento en que se agoten las reservas de combustible. Pocos se preguntan cómo, exactamente, se produce una “apertura” económica en tierra arrasada.
La manera en que geopolíticamente ha estado utilizándose “apertura” económica en las últimas semanas en relación con Cuba recuerda aquello de Nietzsche de que “no hay hechos, sino interpretaciones”. El gobierno cubano dio pasos de “apertura”, aunque no utiliza el término.
El gobierno de EE.UU parece considerar que esa “apertura” es insuficiente. El problema es que la “apertura” en disputa no se limita al plano de la inserción internacional. La “prueba ácida” es la expansión y fortalecimiento de las funciones del sector privado nacional.
La primera faceta que se aprecia fácilmente es que la asimetría del “cerco de combustible” quebrantó el sector estatal y favoreció relativamente al sector privado, formal e informal, y la respuesta oficial cubana encontró incentivos para “flexibilizar” el funcionamiento del sector privado.
En rápida sucesión: flexibilización en importación y acceso a combustible por empresas privadas, nuevo marco para asociaciones entre entidades estatales y no estatales, y autorización para que emigrados inviertan y sean propietarios en el sector privado.
Adicionalmente la “apertura” oficial mantiene la ampliación de actividades de MIPYMES en comercio mayorista y producción y ha añadido la autorización a algunas MIPYMES para usar activos virtuales (criptomonedas) en pagos transfronterizos.
Son parches insuficientes en relación con lo que debería ser una transformación de calado del modelo, pero es problemático asumir que pudiera funcionar ahora con alto nivel de coherencia “técnica” porque no está operándose bajo “temperatura y presión normal”.
La segunda faceta sobre la que no se observa mucha reflexión es la probabilidad de que se produzca una reversión de incentivos de «apertura» debido al efecto de una crisis humanitaria en la degradación del mercado interno en que se apoya la dinámica del sector privado.
En la medida en que se acerque un colapso económico y un desastre humanitario se erosionarían los incentivos que tendrían los actores internos -gobierno, sector privado y población- para persistir en una “apertura” que puede ser “exigida”, pero no implementada desde afuera.
Si se degrada hasta un punto de casi no retorno el tejido productivo, el mercado, y el nivel de vida en Cuba, se disiparía sustancialmente en el corto plazo el incentivo interno de “apertura” porque no quedaría nada, o casi nada, que pudiera ser “abierto”.