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El precio de la noche: 6.612 millones de dólares para encender Cuba

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Por Jorge Sotero ()

La Habana.- El informe del Cuba Study Group ha puesto sobre la mesa lo que muchos sabíamos pero nadie quería expresar con números: la reconstrucción del sistema eléctrico cubano requiere una inversión de 6.612 millones de dólares. No es una cifra menor. Es casi el doble del presupuesto anual del Estado cubano.

Y lo peor no es la cantidad, es lo que revela: después de 67 años de revolución, de promesas de desarrollo, de proclamas sobre el “hombre nuevo” y la “energía del pueblo”, el sistema eléctrico está en ruinas. Siete apagones nacionales en año y medio, cortes de 15 horas diarias, una economía paralizada. Eso es lo que han construido. Eso es lo que hemos heredado.

El economista Ricardo Torres, que firma el informe, es tan preciso como demoledor: “No habrá una solución sostenible para el problema eléctrico de Cuba sin reformas que restauren la viabilidad económica del país”. Dicho de otro modo: no importa cuántos paneles solares instale China, no importa cuántos megavatios prometan los parques fotovoltaicos, no importa la buena voluntad de nadie. Sin un cambio de modelo económico, sin una transformación que permita atraer capital, movilizar crédito y generar incentivos, el sistema seguirá colapsando una y otra vez. Es como ponerle una curita a una hemorragia interna. La sangre sigue saliendo.

La culpa de los hoteles

El informe es especialmente duro con la política de inversiones del gobierno cubano. Durante años, mientras las termoeléctricas envejecían sin mantenimiento, mientras los motores de diésel se oxidaban en los almacenes, la cúpula castrista priorizó otros sectores. El turismo, principalmente. Los hoteles, los cayos, las inversiones inmobiliarias que engordaban las cuentas de GAESA y permitían a los militares y a sus familias vivir como oligarcas mientras el país se apagaba.

Ahora, cuando la crisis energética ha paralizado también el turismo, cuando los hoteles están vacíos y las aerolíneas huyen, descubren que no hay dinero para reparar lo que dejaron destruir.

El informe también dedica unas líneas a las sanciones estadounidenses. Las reconoce como un factor negativo, pero las tilda de “simplista” y “contraproducente” cuando se usan como la única explicación. Torres escribe que la evidencia apunta a “serios fallos internos”. Y los enumera: el débil desempeño del sistema económico cubano, los impagos del gobierno a inversionistas en proyectos energéticos clave, la política de inversiones que priorizó otros sectores.

Son los mismos fallos internos que llevaron a la ruina la agricultura, la industria, el transporte. Son los mismos fallos que explican por qué Cuba, con uno de los mejores potenciales solares del Caribe, depende hoy de barcos de combustible que no llegan.

Las termoeléctricas como prioridad

El saneamiento del sistema eléctrico, dice el informe, requiere dos cosas simultáneamente: recuperar la generación de las termoeléctricas y los motores de diésel, y transformar el mix energético hacia las renovables. Es decir, hay que salvar lo que se puede salvar del pasado y construir lo que nunca debió dejar de construirse. Pero todo eso, subraya Torres, depende de una condición previa: “Una transformación creíble del modelo económico”.

Y esa transformación, como todos sabemos, no va a ocurrir mientras los Castro sigan en el poder. No va a ocurrir mientras la corrupción sea la norma, mientras la incompetencia sea premiada, mientras la propiedad privada sea un concepto difuso y la inversión extranjera una quimera.

La pregunta final, la que nadie en La Habana quiere responder, es simple: ¿de dónde van a salir los 6.612 millones de dólares? ¿Del turismo, que está muerto? ¿De las remesas, que están bloqueadas? ¿De los créditos internacionales, que nadie concede a un régimen que ha demostrado una y otra vez que no paga sus deudas?

La respuesta es obvia. No van a salir. No mientras los mismos que han llevado el país a la ruina sigan tomando las decisiones. No mientras la familia Castro siga priorizando su supervivencia sobre la del pueblo. Y así, seguiremos en la oscuridad. Con apagones de 15 horas. Con la economía paralizada. Con la única certeza de que, por mucho que hablen de paneles solares, de cooperación china, de nuevas inversiones, la luz no va a volver. No con ellos en el poder. No con este sistema. No sin un cambio real. Y mientras tanto, seguimos esperando. Como siempre. En la oscuridad.

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